Archivo diario: 21 diciembre, 2009

EL RebeLDe: Periódico Anarquista CHiLe 1898

El rebelde Periódico aNarquista Chile 1898

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EL REbelde Periódico ANarquista

El Rebelde.- Periódico Anarquista Chile 1898

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CRIMEN E IMPUNIDAD (Por Osvaldo Bayer)

Callar, enterrar, hacerse el desentendido, modificar el curso cuando resulte conveniente ha dado buenos resultados en la política argentina. Pero nos fue alejando cada vez más de los principios éticos, sin los cuales no hay democracia. Obediencia debida y Punto Final hicieron posibles el nido de víboras que permitió a Bussi en Tucumán, a Patti en Escobar, a Ruiz Palacios en el Chaco, a Ulloa en Salta, a los policías santafecinos siempre presentes en las mismas oficinas desde donde torturaron y a todos los demás que pasaron después de la carta blanca de las dos nefastas leyes a compartir las instituciones que tendrían que haber estado reservadas para quienes demostraron en los años de la infamia un poco de coraje civil y vergüenza democrática.

El Congreso de la Nación los legitimó. Fue el Parlamento -que tendría que ser el símbolo por excelencia de la democracia- el que escondió los cadáveres en el ropero. La bancada radical puso el pecho y quiso hacer olvidar con su actitud a los generales de la picana, a los almirantes de la capucha, a los brigadieres del arrojar a vivos al río, a los comisarios del rapto de niños, a los comandantes del derecho de botín. Fue sin duda alguna el día más oprobioso de la historia del Congreso de la Nación. El miércoles pasado asistimos a un acto lleno de emociones en un lugar símbolo: el hospital Posadas. La gran entrada y los pasillos se llenaron del guardapolvo blanco de médicos y enfermeras. Se recordó a las víctimas de la dictadura. Los desaparecidos. Allí, en los fondos está la casa de la muerte donde se torturó y vejó al extremo a las víctimas. Se descubrieron placas con los nombres de los profesionales de la salud que perdieron sus vidas en manos de sicarios. Se inauguró un mural desde donde los ojos nos miran. Se plantaron árboles, uno por cada desaparecido. Hubo profunda emoción. Lo que ocurrió allí casi no se puede explicar con palabras. Está en la documentación de los juicios que se hizo a los asesinos y a sus inspiradores. No nos equivocamos si decimos que allí se aplicó con toda cobardía, brutalidad e impunidad la ley de las bestias. Con pedido de perdón a las bestias. En el Posadas se secuestró sin ningún mandato legal, se torturó, se vejó hasta el hartazgo. Testigos y documentos judiciales dejan en claro que en ese lugar actuaron asesinos uniformados y rufianes sin uniforme, todos de la peor calaña del submundo de la sevicia y el ensañamiento, que pasaron a ser en esa casa donde la medicina solidaria luchaba por la salud y contra la muerte -vaya la sarcástica ironía- los dueños de la vida y de la muerte.

La pregunta es: ¿por qué tanto ensañamiento? Primero leamos la versión militar. ¿Qué dice en su libro el general Reynaldo Bignone, el “héroe del Posadas”, cuyas únicas batallas libradas más allá de su escritorio de burócrata de uniforme fueron su entrada con efectivos de guerra a este hospital y luego hacerse el ciego, el mudo y el sordo cuando el secuestro de dos de sus propios soldados que hacían la conscripción en el Colegio Militar donde él era director? Sobre la figura del general Bignone siempre pesará el triste y vergonzoso 28 de marzo de 1976, cuando entró con helicópteros y camiones con soldados armados hasta los dientes con metralletas, granadas de mano y fusiles. El “enemigo” eran médicos, enfermeras, parturientas y enfermos. A los pocos minutos el general disfrazado de campaña para asemejarse al mariscal Rommel podía informar a sus superiores que su victoria había sido completa.

Leamos al propio Bignone, erigido en Dios de la vida y de la muerte en el hospital de los barrios humildes, como da su versión de los hechos en su libro El último de facto. Dice allí: “El pronunciamiento militar fue un miércoles. Al domingo siguiente me tocó decidir si autorizaba o no la realización de espectáculos deportivos (…). El 27 y 28 recorrí dependencias del Ministerio de Bienestar Social ubicadas fuera de la Capital Federal. Basándome en información de inteligencia dispuse intervenir y revisar militarmente el hospital Posadas, ubicado en la localidad de Haedo. Se emplearon oficiales y soldados, no cadetes del Colegio Militar. La operación se llevó a cabo sin novedad. Si hubo detenciones, éstas fueron escasas, con fines identificatorios y con la libertad inmediata de los afectados”. Esta versión de Bignone, escrita dieciséis años después de los hechos, confirma que la versión de “inteligencia” que según él sirvió de pretexto a la irracional invasión de un hospital no se basaba en ningún “peligro subversivo”, ya que él mismo señala: “no hubo novedades”. Pero el acto terrorista militar ya estaba hecho: fue para sembrar miedo. Y aquí está la clave: Bignone no invade ningún hospital o sanatorio del barrio Norte o de San Isidro, no, invade el hospital que justamente estaba al lado de extensas villas de emergencia, de gente humildísima y necesitada. Se procedió con la misma cobardía luego en otras villas de emergencia, como la del Bajo Belgrano.

Bignone invade el hospital Posadas porque precisamente allí se había iniciado una experiencia comunitaria de gran alcance social: los trabajadores de la salud realizaban un proceso de participación con la comunidad circundante para dar respuesta a las ingentes necesidades de salud de la gente que llegaba cada vez más del interior argentino. Era la verdadera gente de la tierra que los militares no habían contemplado en el plan de Martínez de Hoz. Pese a que Bignone no encontró ningún indicio “subversivo”, el Posadas quedó marcado y se iniciará el terror militar. A Bignone lo sucederán dos verdugos de la peor especie: primero el coronel médico Abatino Di Benedetto y luego el coronel médico Julio Ricardo Estévez, vaya a saber los complejos personales de estos dos personajes que para demostrar que eran más coroneles que médicos hicieron tabla rasa con los más elementales principios de ética de la condición humana. El coronel Estévez trajo consigo a un grupo de criminales que adoptaron un nombre televisivo, los “Swats”, y que vaya a saber también por cuál anormalidad de sus bajos instintos querían sobresalir por su cinismo y brutalidad. He aquí sus nombres, de los cuales por cierto sus hijos y nietos tendrán el justo derecho de avergonzarse de por vida: Ricardo Nicastro, jefe de la patota criminal; Luis Miña, Victorino Acosta, Cecilio Abdenur, Hugo Oscar Delpech, Oscar Raúl Tevez, Juan Máximo Corteleza, José Faraci, Luis Gyucci, Argentino Ríos, José Meza, Jorge Ocampo. Todos ellos contaron con la información constante del jefe de servicios generales del hospital, Carlos Ricci; del jefe de personal, Luis Dinallo, y del jefe de mantenimiento, Adolfo José Marcolini, suboficial retirado de la Armada.

Las víctimas sufrieron inenarrables torturas y vejaciones, justamente en el chalet del subdirector, habilitado por los verdugos como pozo de torturas. Los nombres de los trabajadores de la salud sacrificados en nombre de “la forma de vida occidental y cristiana” de los Videla y Massera son estos: Josefina Pedemonte, encargada de guardería; Teresa Cuello, técnica de esterilización; Angélica Caeiro y Osvaldo Fraga, enfermeros de emergencia; Jacobo Chester, empleado de estadística; Julio Quiroga, empleado de imprenta; Jorge Roitman, médico, y María Esther Goulecdzian, psicóloga. También desaparecieron el médico Daniel Calleja, el estudiante Ignacio Luna y la vecina Natalia Almada, que no pertenecían al hospital pero que estaban vinculados a él.

Hoy, los asesinos están todos libres gracias a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Alfonsín. Ni el general Bignone ni ninguno de los criminales que lo siguieron se han asomado jamás por el hospital. Los nombres de las víctimas figuran como advertencia en el hall de entrada. El chalet de torturas es hoy una escuela primaria donde van niños de la villa Carlos Gardel. La vida se recupera. Pero los asesinos están entre nosotros.

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Conversaciones con Noam Chosmky

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CANTATA POPULAR SANTA MARÍA DE IQUIQUE (Versión Original 1970)

CANTATA POPULAR

SANTA MARÍA DE IQUIQUE

(Versión Original 1970)

1. PREGON

Señoras y Señores
venimos a contar
aquello que la historia
no quiere recordar.
Pasó en el Norte Grande,
fue Iquique la ciudad.
Mil novecientos siete
marcó fatalidad.
Allí al pampino pobre
mataron por matar.

Seremos los hablantes
diremos la verdad.
Verdad que es muerte amarga
de obreros del Salar.
Recuerden nuestra historia
de duelo sin perdón.
Por más que el tiempo pase
no hay nunca que olvidar.
Ahora les pedimos
que pongan atención.

2. PRELUDIO INSTRUMENTAL

3. RELATO I

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio,
el suelo sin milagro y Oficinas vacías,
como el último desierto.

Y si observan la pampa y la imaginan
en tiempos de la Industria

del Salitre
verán a la mujer y al fogón mustio,
al obrero sin cara, al niño triste.
También verán la choza mortecina,
la vela que alumbraba su carencia,
algunas calaminas por paredes
y por lecho, los sacos y la tierra.

También verán castigos humillantes,
un cepo en que fijaban al obrero
por días y por días contra el sol;
no importa si al final se iba muriendo.

La culpa del obrero, muchas veces,
era el dolor altivo que mostraba.
Rebelión impotente, ¡una insolencia!
La ley del patrón rico es ley sagrada.

También verán el pago que les daban.
Dinero no veían, sólo fichas;
una por cada día trabajado,
y aquélla era cambiada por comida.

¡Cuidado con comprar en otras partes!
De ninguna manera se

podía
aunque las cosas fuesen más baratas.
Lo había prohibido la Oficina.

El poder comprador de aquella ficha
había ido bajando con el tiempo
pero el mismo jornal seguían pagando.
Ni por nada del mundo un aumento.

Si contemplan la pampa y sus rincones
verán las sequedades del silencio.
Y si observan la pampa cómo fuera
sentirán, destrozados, los lamentos.

4. CANCIÓN I

El sol en desierto grande
y la sal que nos quemaba.
El frío en las soledades,
camanchaca y noche larga.
El hambre de piedra seca
y quejidos que escuchaba.
La vida de muerte lenta
y la lágrima soltada.

Las casas desposeídas
y el obrero que esperaba
al sueño que era el olvido
sólo espina postergada.
El viento en la pampa inmensa
nunca más se terminara.
Dureza de sequedades
para siempre se quedara.

Salitre, lluvia bendita,
se volvía la malvada.
La pampa, pan de los días,
cementerio y tierra amarga.
Seguía pasando el tiempo
y seguía historia mala,
dureza de sequedades
para siempre se quedara.

5. INTERLUDIO INSTRUMENTAL I

6. RELATO II

Se había acumulado mucho daño,
mucha pobreza, muchas injusticias;
ya no podían más y las palabras
tuvieron que pedir lo que debían.

A fines de mil novecientos siete
se gestaba la huelga en San Lorenzo
y al mismo tiempo todos escuchaban
un grito que volaba en el desierto.

De una a otra Oficina, como ráfagas,
se oían las protestas del obrero.
De una a otra Oficina, los Señores,
el rostro indiferente o el desprecio.

Qué les puede importar la rebeldía
de los desposeídos, de los parias.
Ya pronto volverán arrepentidos,
el hambre los traerá, cabeza gacha.

¿Qué hacer entonces, qué, si nadie escucha?
Hermano con hermano preguntaban.
Es justo lo pedido y es tan poco
¿tendremos que perder las esperanzas?

Así, con el amor y el sufrimiento
se fueron aunando voluntades,
en un solo lugar comprenderían,
había que bajar al puerto grande.

7. CANCIÓN II

Vamos mujer,
partamos a la ciudad.
Todo será distinto,
no hay que dudar.
No hay que dudar,
confía, ya vas a ver,
porque en Iquique
todos van a entender.

Toma mujer mi manta,
te abrigará.
Ponte al niñito en brazos,
no llorará.
No llorará, confía,
va a sonreír.
Le cantarás un canto,
se va a dormir.

¿Qué es lo que pasa?,
dime, no calles más.

Largo camino tienes
que recorrer
atravesando cerros,
vamos mujer.
Vamos mujer, confía,
que hay que llegar
en la ciudad
podremos ver todo el mar.

Dicen que Iquique es grande
como un Salar,
que hay muchas casas lindas,
te gustarán.
Te gustarán, confía,
como que hay Dios,
allá en el puerto todo
va a ser mejor.

¿Qué es lo que pasa?,
dime, no calles más.

Vamos mujer,
partamos a la ciudad.
Todo será distinto,
no hay que dudar.
No hay que dudar, confía,
ya, vas a ver,
porque en Iquique
todos van a entender.

8. INTERLUDIO INSTRUMENTAL II

9. RELATO III

Del quince al veintiuno,
mes de diciembre,
se hizo el largo viaje
por las pendientes.
Veintiséis mil bajaron
o tal vez más
con silencios gastados
en el Salar.
Iban bajando ansiosos,
iban llegando
los miles de la pampa,
los postergados.
No mendigaban nada,
sólo querían
respuesta a lo pedido,
respuesta limpia.

Algunos en Iquique
los comprendieron
y se unieron a ellos,
eran los Gremios.
Y solidarizaron
los carpinteros,
los de la Maestranza,
los carreteros,
los pintores y sastres,
los jornaleros,
lancheros y albañiles,
los panaderos,
gasfiteres y abastos,
los cargadores.
Gremios de apoyo justo,
de gente pobre.

Los Señores de Iquique
tenían miedo;
era mucho pedir
ver tanto obrero.
El pampino no era
hombre cabal,
podía ser ladrón
o asesinar.
Mientras tanto las casas
eran cerradas,
miraban solamente
tras las ventanas.
El Comercio cerró
también sus puertas,
había que cuidarse
de tanta bestia.
Mejor que los juntaran
en algún sitio,
si andaban por las calles
era un peligro.

10. INTERLUDIO CANTADO

Se han unido con nosotros
compañeros de esperanza
y los otros, los más ricos,
no nos quieren dar la cara.

Hasta Iquique nos hemos venido
pero Iquique nos ve como extraños.
Nos comprenden algunos amigos
y los otros nos quitan la mano

11. RELATO IV

El sitio al que los llevaban
era una escuela vacía
y la escuela se llamaba
Santa María.

Dejaron a los obreros,
los dejaron con sonrisas.
Que esperaran les dijeron
sólo unos días.

Los hombres se confiaron,
no les faltaba paciencia
ya que habían esperado
la vida entera.

Siete días esperaron,
pero qué infierno se vuelven
cuando el pan se está jugando
con la muerte.

Obrero siempre es peligro.
Precaverse es necesario.
Así el Estado de Sitio
fue declarado.

El aire trajo un anuncio,
se oía tambor ausente.
Era el día veintiuno
de diciembre.

12. CANCION III

Soy obrero pampino y soy
tan reviejo como el que más
y comienza a cantar mi voz
con temores de algo fatal.

Lo que siento en esta ocasión,
lo tendré que comunicar,
algo triste va a suceder,
algo horrible nos pasará.

El desierto me ha sido infiel,
sólo tierra cascada y sal,
piedra amarga de mi dolor,
roca triste de sequedad.

Ya no siento más que mudez
y agonías de soledad
sólo ruinas de ingratitud
y recuerdos que hacen llorar.

Que en la vida no hay que temer
lo he aprendido ya con la edad,
pero adentro siento un clamor
y que ahora me hace temblar.

Es la muerte que surgirá
galopando en la oscuridad.
Por el mar aparecerá,
ya soy viejo y sé que vendrá.

13. INTERLUDIO INSTRUMENTAL III

14. RELATO V

Nadie diga palabra
que llegará
un noble militar,
un General.
Él sabrá cómo hablarles,
con el cuidado
que trata el caballero
a sus lacayos.
El General ya llega
con mucho boato
y muy bien precavido
con sus soldados.
Las ametralladoras
están dispuestas
y estratégicamente
rodean la escuela.

Desde un balcón les habla
con dignidad.
Esto es lo que les dice
el General
«Que no sirve de nada
tanta comedia.
Que dejen de inventar
tanta miseria.
Que no entienden deberes
son ignorantes.
Que perturban el orden,
que son maleantes.
Que están contra el país,
que son traidores.
Que roban a la patria,
que son ladrones.
Que han violado a mujeres,
que son indignos.
Que han matado a soldados,
son asesinos.
Que es mejor que se vayan
sin protestar
Que aunque pidan y pidan
nada obtendrán.
Vayan saliendo entonces
de ese lugar,
que si no acatan órdenes
lo sentirán».

Desde la escuela, «El Rucio»,
obrero ardiente,
responde sin vacilar
con voz valiente,
«Usted, señor General
no nos entiende.
Seguiremos esperando,
así nos cueste.
Ya no somos animales,
ya no rebaños,
levantaremos la mano,
el puño en alto.
Vamos a dar nuevas fuerzas
con nuestro ejemplo
Y el futuro lo sabrá,
se lo prometo.
Y si quiere amenazar
aquí estoy yo.
Dispárele a este obrero
al corazón».

El General que lo escucha
no ha vacilado,
con rabia y gesto altanero
le ha disparado,
y el primer disparo es orden
para matanza
y así comienza el infierno
con las descargas.

15. CANCION LETANÍA

Murieron tres mil seiscientos
uno tras otro.
Tres mil seiscientos
mataron uno tras otro.

La escuela Santa María
vio sangre obrera.
La sangre que conocía
sólo miseria.

Serían tres mil seiscientos
ensordecidos.
Y fueron tres mil seiscientos
enmudecidos.

La escuela Santa María
fue el exterminio
de vida que se moría,
sólo alarido.

Tres mil seiscientas miradas
que se apagaron.
Tres mil seiscientos obreros
asesinados.

Un niño juega en la escuela
Santa María.
Si juega a buscar tesoros
¿qué encontraría?

16. CANCION IV

A los hombres de la pampa
que quisieron protestar
los mataron como perros
porque había que matar.

No hay que ser pobre, amigo,
es peligroso.
No hay ni que hablar, amigo,
es peligroso.

Las mujeres de la Pampa
se pusieron a llorar
y también las matarían
porque había que matar.

No hay que ser pobre, amiga,
es peligroso.
No hay que llorar, amiga,
es peligroso.

Y a los niños de la Pampa
que miraban, nada más,
también a ellos los mataron
porque había que matar.

No hay que ser pobre, hijito,
es peligroso.
No hay que nacer, hijito,
es peligroso.

¿Dónde están los asesinos
que mataron por matar?
Lo juramos por la tierra,
los tendremos que encontrar.
Lo juramos por la vida,
lo tendremos que encontrar.
Lo juramos por la muerte,
los tendremos que encontrar.
Lo juramos compañeros,
ese día llegará.

17. CANCIÓN PREGÓN

Señoras y señores,
aquí termina
las historia de la escuela
Santa María.
Y ahora con respeto
les pediría
que escuchen la canción
de despedida.

18. CANCIÓN FINAL

Ustedes que ya escucharon
la historia que se contó
no sigan allí sentados
pensando que ya pasó.
No basta sólo el recuerdo,
el canto no bastará.
No basta sólo el lamento,
miremos la realidad.

Quizás mañana o pasado
o bien, en un tiempo más,
la historia que han escuchado
de nuevo sucederá.
Es Chile un país tan largo,
mil cosas pueden pasar
si es que no nos preparamos
resueltos para luchar.
Tenemos razones puras,
tenemos por qué pelear.
Tenemos las manos duras,
tenemos con qué ganar.

Unámonos como hermanos
que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
jamás lo podrán lograr.
La tierra será de todos
también será nuestro el mar.
Justicia habrá para todos
y habrá también libertad.
Luchemos por los derechos
que todos deben tener.
Luchemos por lo que es nuestro,
de nadie más ha de ser.

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