La acción de enriquecimiento injusto

PARTE III. La acción de enriquecimiento injusto


CAPÍTULO I. GENERALIDADES.
1Todo derecho nace acompañado de los medios para hacerse respetar en caso de ser vulnerado o desconocido. El principio del enriquecimiento sin causa no constituye una excepción: está sancionado por la acción de enriquecimiento injusto o sin causa.
2Baudry Lacantinerie, la define diciendo: «Que es la acción por la cual una persona persigue la restitución del enriquecimiento que se produce a sus expensas y sin causa jurídica en el patrimonio del demandado».

CAPÍTULO II. CONDICIONES NECESARIAS PARA EJERCER LA ACCIÓN DE ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA.

3Cada uno de los autores que ha estudiado la teoría del enriquecimiento sin causa, señala condiciones diferentes para el ejercicio de la acción. Así Colin y Capitant exigen tres requisitos 1.° Enriquecimiento del demandado;

42.° Que este enriquecimiento sea una consecuencia directa del empobrecimiento sufrido por el demandante, y

53.° Que el enriquecimiento se haya realizado sin justa causa.

6Ripert y Teisseire enumeran tres condiciones:

71.° Una relación de casualidad entre el enriquecimiento procurado y el hecho de quién lo ha creado; 2.° Es necesario establecer la consistencia del enriquecimiento y fijar el monto de la restitución impuesta al demandado, y

83.° Ausencia de justa causa para conservar el enriquecimiento.

9Baudry Lacantinerie señala tres condiciones 1.º Un enriquecimiento;

102.° Una relación de causalidad entre el hecho del actor y el enriquecimiento del demandado, y

113.º Carácter injusto del enriquecimiento. Jean Renard fija cuatro requisitos

121.° Enriquecimiento del demandado; 2.° Empobrecimiento del demandante; 3.° Relación de causalidad, y

134.º Ausencia de causa.

14Jean Rouast señala dos elementos de orden económico y dos elementos de orden jurídico.

15I.-Los elementos de orden económicos son 1.° Un enriquecimiento, y

162.° Un empobrecimiento.

17II.-Los elementos de orden jurídico son

181.° Ausencia de causa para el enriquecimiento del demandado y el empobrecimiento del actor, y 2.° La ausencia de otra acción.

19René Demogue exige

201.° Un enriquecimiento ; 2.° Un empobrecimiento;

213.º Una relación de causa y ef ecto entre el enriquecimiento y el empobrecimiento, y

224.° El enriquecimiento debe ser sin causa. Planiol dice que derivando la acción de in rem verso de un principio de equidad, y no estando reglamentada por la ley, no puede estar sometida a ninguna condición determinada y bastará para que proceda que haya habido una transmisión de un valor de un patrimonio a otro sin justa causa.

23No habiendo nuestro Código contemplado de una – manera general la acción de enriquecimiento sin causa, no ha podido tampoco señalar las condiciones necesarias para su ejercicio.

24Los Tribunales de Justicia, encerrados en el estrecho marco de la ley, no dan luz alguna al respecto.

25No nos queda pues, otro camino que extraer de los diferentes casos previstos por el Código las condiciones que son comunes a todos ellos.

26Siguiendo este método llegamos a la conclusión que, dos son los requisitos indispensables para que proceda la acción de enriquecimiento. Ellos son

27I.-La existencia de un hecho que produzca simi, enriquecimiento del demandado y un empobrecimiento del demandante o actor. II.-Que tanto el enriquecimiento del demandado como el empobrecimiento del actor carezcan de justa causa.

28
1.er Requisito.-Existencia de un hecho que produzca simultáneamente un enriquecimiento del demandado y un empobrecimiento del actor.

29El enriquecimiento y el empobrecimiento no son como creen Demogue, Renard y la mayoría de los autores- dos elementos distintos en la noción del enriquecimiento sin causa, sino que son dos aspectos de un mismo hecho. No hay tampoco entre ellos una relación de causalidad, es decir, no es el empobrecimiento la causa y el enriquecimiento el efecto, sino que ambos tienen una misma y única causa.

30Vamos a estudiar separadamente los dos aspectos de este primer requisito.

31
a) Enriquecimiento.-Ningún autor discute ni ha puesto jamás en duda, la necesidad de su existencia para el ejercicio de la acción de in rem verso. Todos están de acuerdo en considerarlo como una condición sine qua non.

32El enriquecimiento ¿puede consistir en un perjuicio evitado?

33La jurisprudencia francesa y la mayoría de los autores están por la afirmativa. Sólo Ripert –

34y Teisseire lo niegan, basándose para ello en la dificultad de demostrar que el perjuicio no hubiera podido ser evitado sin la intervención del demandante v de establecer cuál es el monto exacto del perjuicio evitado.

35Siguiendo la norma de extraer la construcción jurídica que nos ocupa de las disposiciones legales vigentes, nos pronunciamos por la primera opinión.

36El artículo 161 inciso 3 al hacer responsable al marido de las obligaciones contraídas por la mujer separada de bienes, a prorrata del beneficio que le hubieren reportado, comprendiéndose en este beneficio el de la familia común en la parte en que de derecho haya él debido proveer a las necesidades de ésta, y el artículo 908 al exigir el abono de las mejoras necesarias, o sea, de aquellas indispensables para evitar el deterioro de la cosa, están indicando que el espíritu del legislador fué dar la acción de reembolso contra un enriquecimiento que consista en un perjuicio evitado.

37El enriquecimiento ¿ debe tener carácter exclusivamente económico ?

38Hay al respecto tres opiniones: dos extremas y una intermedia.

39
I.-Teoría.-La primera sostiene que sólo los provechos de orden material pueden dar lugar a la acción de enriquecimiento.

40Ripert y Teisseire la adoptan diciendo: «Sólo serán tomadas en consideración las ventajas «que tengan un valor patrimonial. El enriquecimiento sin causa establece relaciones de «patrimonio a patrimonio». Jean Renard expresa la misma idea.

41Citan en apoyo de su opinión una sentencia dictada por la Corte de Casación Francesa (31. de Junio de 1895), que no dio lugar a la demanda interpuesta por una compañía concesionaria de una línea férrea, contra las autoridades locales, pidiendo que se le reembolsara la ventaja que la ciudad había obtenido con la construcción de dicha línea férrea.

42No es efectivo que este fallo se refiera a un provecho moral, ya que el poder disponer de una línea férrea constituye una ventaja material. Si el Tribunal rechazó la demanda no fué por tratarse de un provecho moral sino como dice textualmente la sentencia por tratarse de una «ventaja indirecta».

43II.-Teoría.-Bouché-Leclercq sostiene que para que proceda la acción de enriquecimiento no es necesario que las ventajas presenten un carácter material o pecuniario y argumenta de la manera siguiente: «El patrimonio moral, como el patrimonial, es susceptible de variaciones y de fluctuaciones. Se puede concebir que él se encuentre aumentado, mejorado o conservado a expensas de terceros; estos terceros ¿tienen la acción de in rem verso? Nosotros creemos que las exigencías de la equidad pueden ser en estos casos tan imperiosas como cuando se trata de un enriquecimiento material. Así, por ejemplo, una persona se arroja al agua para salvar a un semejante, deteriorándose los vestidos. ¿ No es justo que tenga derecho a reclamar el precio de ellos a aquel que ha salvado de la muerte?»

44Vergniaud refuta esta tesis diciendo: «lo que nos hace rechazar la teoría de Bouché-«Leclercq es ante todo una razón de orden histórico; es necesario reconocer que en materias como la nuestra que no están expresamente previstas por el texto de la ley, los argumentos de orden histórico sin ser absolutamente decisivos, son de peso. Es un hecho innegable, tanto en el Derecho Romano (en el cual toda nuestra construcción jurídica de la acción de in rem verso se ha inspirado) como en la doctrina moderna y legislaciones extranjeras, la teoría del enriquecimiento sin causa tiene siempre por fin restablecer una justa igualdad, entre dos patrimonios en los cuales uno ha acrecido a expensas del otro».

45Nosotros creemos igualmente-con la Dra. Stábile-que sería ello espiritualizar mucho el derecho y forzar demasiado la ley.

46III.-Teoría.-Es ésta una teoría intermedia entre las dos anteriores. Según ella, la acción de restitución procede aún contra ventajas morales siempre que sean susceptibles de avaluación pecuniaria. Por ejemplo, la instrucción dada a una persona.

47Esta teoría cuenta con el apoyo de los tratadistas Vergniaud y Rouast.

48De modo que, resumiendo podemos definir el enriquecimiento, como toda ventaja susceptible de avaluación pecuniaria, ya consista en un acrecimiento del activo o en una disminución del pasivo; o en otros términos, es el hecho por el cual el patrimonio adquiere una plus valía o escapa a un riesgo cierto.

49b) Empobrecimiento.-La ventaja procurada a otro no es suficiente para legitimar el ejercicio de la acción de enriquecimiento, es necesario además, que el demandado se haya empobrecido.

50Así, no procedería la acción de in rem verso interpuesta por un propietario que, por trabajos ejecutados en su propiedad, da mayor realce o valor a la propiedad del vecino.

51El empobrecimiento es lo contrario al enriquecimiento, de modo que podemos definirlo como toda pérdida susceptible de avaluación pecuniaria, ya consista en una disminución del activo, en un aumento del pasivo, en la pérdida de una ganancia o en un hecho personal de aquellos que es costumbre remunerar.

52Colin y Capitant, exigen, además, para que proceda la acción de in rem verso que el empobrecimiento no sea imputable a la culpa o negligencia, del demandante, apoyándose para ello en una sentencia dictada por los Tribunales Franceses.

53El artículo 1935, al no dar al arrendatario derecho a reembolso por las mejoras indispensables no locativas, cuando ellas se han hecho necesarias por su culpa, consagra esta opinión.

54Parece, sin embargo, demasiado aventurado generalizar esta regla.

55Demogue propone una solución intermedia que nos parece más aceptable, o sea, que el empobrecido responda de su culpa en conformidad al derecho común y que la indemnización debida por él disminuya sus derechos contra el enriquecido.

562.° Requisito.-Que tanto el enriquecimiento como el empobrecimiento carezcan de justa causa. La palabra causa está tomada aquí en el sentido tradicional de «título que explica o justifica la adquisición o pérdida de un valor».

57De modo que, al decir que la acción de enriquecimiento no procede sino cuando el enriquecimiento y el empobrecimiento carecen de justa causa, queremos significar que es necesario que tanto el uno como el otro, no tengan por fuente un hecho o acto jurídico que los legitime, o mejor, que tanto el uno como el otro no tengan una justificación en derecho.

58Baudry Lacantinerie en su «Traité de Droit Civil», escrito en colaboración con Julien Bonnecase y los autores Ripert y Teisseire, recomiendan el empleo de la expresión «enriquecimiento sin derecho» para evitar las confusiones a que da origen la expresión «sin causa» debido a sus múltiples acepciones.

59Nosotros hemos adoptado la fórmula clásica porque, si bien da lugar a confusiones, también es cierto que, precisando su sentido, da una idea más clara y exacta del segundo requisito necesario para que proceda la acción de in rem verso.

60Además esta denominación está universalmente difundida tanto en la doctrina como en las legislaciones extranjeras. En efecto, el Código Suizo habla de «enriquecimiento sin causa legítima»; el Código Alemán emplea la expresión «sin causa jurídica»; el Código Japonés habla de «causa legal». . .

61Los mismos autores que recomiendan el empleo de la expresión «enriquecimiento sin derecho» denominan sus estudios «enriquecimiento sin causa».

62El derecho que permite al enriquecido conservar el provecho realizado puede derivar

631.° De un contrato. En nuestra legislación, la lesión, o sea, la falta de equivalencia que existe entre las prestaciones de las partes, no da al perjudicado acción alguna.

64Este podrá tener otros medios de accionar: v. gr., la acción de nulidad, la de rescisión, la pauliana o revocatoria, la resolutoria, la de lesión enorme, en sus respectivos casos, pero no la acción de enriquecimiento injusto.

652.° De una donación o legado, ya que, según el artículo 1467, la mera liberalidad es causa suficiente. 3.° De una obligación natural, ya que el artículo 2296 estatuye que no se podrá repetir lo que se ha pagado para cumplir una obligación puramente natural.

664.° De una disposición de la ley, fundada en ra-zones de moralidad como la que prohibe repetir lo que se ha dado por una causa ilícita a sabiendas; o con el objeto de poner fin a controversias en el tiempo, como la prescripción liberatoria o caducidad de términos (en el derecho procesal) ; y a veces por la dificultad o imposibilidad de probar, como en el caso del aluvión, la avulsión, etc. Terminaremos diciendo que, determinar si hay o no causa, es una cuestión de hecho que el juez resolverá en cada caso particular. Al hacer la enumeración anterior, no nos ha guiado otro objeto que señalar algunos ejemplos.

CAPITULO III. EFECTOS DE LA ACCIÓN DE ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA.

PÁRRAFO I. CARÁCTER DE LA ACCIÓN.

67Los efectos de la acción de enriquecimiento sin causa, dependerán del carácter que se le atribuya, de suerte que, la primera cuestión que hay que resolver es si esta acción es real o personal.

68Zacharioe es el único autor que atribuye a esta acción el carácter de real.

69Aubry y Rau refutan esta opinión, pero su argumento carece de consistencia: si la acción de enriquecimiento injusto fuera real-dicen ellos-no procedería contra las cosas corporales muebles, ya que, según el artículo 2279
Note(.

l), ellas no pueden reivindicarse.

70El argumento de fuerza es el siguiente: la acción .de enriquecimiento no es real porque no invoca un derecho real, sino que, por el contrario, un derecho de crédito.

71Además, sabemos que las acciones reales son de número limitado. La que tiene con ella mayor semejanza es la reivindicatoria, pero no pueden identificarse. Planiol en su texto de Derecho Civil, hace un paralelo entre ambas acciones, y dice así:

72« El derecho real de propiedad, sancionado por la acción reivindicatoria, es un derecho absoluto (que se opone a todos) pero la acción se dirige contra una persona determinada: el detentador actual de la cosa y esta persona aparece como sujeta a una obligación particular, la restitución de la cosa de otro. La situación es comparable a la de una persona que se encuentra enriquecida sin causa a expensas de otro. Pero difieren en que el detentados, contra quien se reivindica, no ha adquirido la propiedad de la cosa de otro, y que su obligación tiene por objeto un simple hecho (facere), la restitución de un cuerpo cierto, mientras que en el caso del enriquecimiento sin causa ha habido pérdida de la propiedad para el reclamante, y la obligación del demandado es una obligación de dar, que tiene por objeto una suma de dinero».

73Mas aún, hay una razón de orden histórico para considerarla como una acción personal: el Derecho Romano, le daba tal carácter.

74En este carácter la contemplan también los Códigos alemán y suizo.

75Las expresiones «valor», «indemnización», «precio» y «gastos», empleados en los diversos artículos de nuestro Código que tratan de los casos de enriquecimiento sin causa, confirman nuestra opinión.

PÁRRAFO II. LA ACCIÓN DE ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA ¿ES UNA ACCIÓN SUBSIDIARIA?

76Algunos tratadistas y también algunas sentencias de las Cortes francesas, exigen para que proceda la acción de enriquecimiento sin causa que la persona lesionada no disponga para obtener satisfacción de ninguna otra acción procedente de un contrato, de un cuasi-contrato, de un delito o de un cuasi-delito. Según ellas, sólo puede ejercerse la acción de enriquecimiento en defecto de toda otra acción.

77No vemos nosotros qué inconveniente pueda tener el que una persona disponga de varias acciones para hacer valer su derecho y de que pueda ejercitar indiferentemente la una o la otra a su elección. Por el contrario, estos casos son frecuentes en nuestro derecho y no ofrecen nada de anormal.

PÁRRAFO III. ¿QUÉ PERSONAS PUEDEN INTENTAR LA ACCIÓN DE ENRIQUECIMIENTO Y CONTRA QUIÉNES PUEDE INTENTARSE?

78La acción de enriquecimiento sin causa no puede ser intentada sino por el empobrecido, o por sus cesionarios, o herederos.

79Siendo la acción de enriquecimiento una acción personal sólo puede ser intentada contra el que se ha enriquecido injustamente o los que le han sucedido a título universal.

PÁRRAFO IV. ¿QUÉ JUEZ ES COMPETENTE PARA CONOCER DE LA ACCIÓN DE ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA?

80El artículo 216 de la Ley Orgánica de los Tribunales establece que si la acción entablada fuere de las que se reputan muebles (la acción de enriquecimiento versa sobre un valor), será competente para conocer del juicio el juez del lugar donde debe cumplirse la obligación según lo establecido en los artículos 1587, 1588 y 1589 del Código Civil.

81Como la acción de enriquecimiento no versa, sobre un cuerpo cierto (Art. 1588), y como también ha sido materialmente imposible la determinación del lugar en que debe cumplirse la obligación (Art. 1587), desde el momento que no ha podido existir convención, resulta que es juez competente para conocer de la acción de enriquecimiento sin causa el del domicilio del demandado (Art. 1589).

PÁRRAFO V. ¿A QUIÉN CORRESPONDE EL «ONUS PROBANDI?

82No habiendo el Código contemplado una disposición especial al respecto, sólo cabe aplicar la regla general según la cual la prueba corresponde al que sustenta una proposición contraria al orden normal o que pretenda destruir una situación adquirida, regla, que el artículo 1698 sintetiza admirablemente diciendo: «Incumbe probar las obligaciones o su extinción al que alega aquéllas o ésta».

83De modo que, es al demandante a quien le corresponde acreditar que han concurrido los dos requisitos que para que proceda la acción de enriquecimiento sin causa hemos señalado, es decir, que se ha realizado un hecho que trae como consecuencia un enriquecimineto del demandado y un empobrecimiento suyo y que, tanto el enriquecimiento como el empobrecimiento, son sin derecho.

84El artículo 2297 establece que si el demandado niega el pago, deberá el demandante probarlo, y probado, se presumirá indebido; es decir, exonera al demandante de la prueba del segundo requisito, o sea, de la falta de causa. Esta excepción la establece el legislador para castigar al demandado que obra de mala fe.

PÁRRAFO VI. ¿PUEDE ACREDITARSE LA OBLIGACIÓN DE RESTITUIR QUE VALGA MAS DE $ 200 MEDIANTE LA PRUEBA TESTIMONTIAL ?

85A mi entender no es admisible la prueba testimonial si el hecho que la produce es un acto jurídico de aquellos de que es posible dejar constancia escrita, como sería el caso de pago de lo no debido, pero será admisible si la obligación tiene su origen en un hecho material, como la mezcla, la adjunción, la plantación y demás casos en que no ha sido posible obtener prueba escrita.

86Es decir, a mi entender, debe aplicarse lisa y llanamente las reglas generales contenidas en los artículos 1708, 1709 y 1711.

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PÁRRAFO VII. ¿EN QUÉ MOMENTO HAY QUE COLOCARSE PARA APRECIAR EL MONTO DEL ENRIQUECIMIENTO, SI DICHO ENRIQUECIMIENTO HA VARIADO ENTRE LA REALIZACIÓN DEL HECHO QUE LO PRODUCE Y LA INICIACIÓN DEL JUICIO?
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87Hay al respecto dos opiniones.

88I.-Unos creen que hay que atender al momento en que se realiza el acto, es decir, al enriquecimiento inicial. Este era el sistema seguido por el Derecho Romano; cuenta además con el apoyo del tratadista Caberlotto.

89II-Los otros sostienen que hay que atender al momento en que se instaura la acción.

90Esta opinión cuenta con el apoyo de la doctrina y de la jurisprudencia francesa.

91Es también el sistema seguido por nuestro Código. Así se desprende de los artículos 908, 909 v 796 que emplean la expresión «reducidas a lo que valgan al tiempo de la restitución»; de los artículos 2291 y 2292 que emplean la expresión «y existiere la utilidad al tiempo de la demanda»; del artículo 1746 que dice «y subsistiese ese valor a la fecha de la disolución de la sociedad».

92El Código Suizo de las Obligaciones consagra en forma expresa este principio.

93El primitivo proyecto de Código alemán seguía el mismo camino, pero se modificó extremando de tal manera la nota que el enriquecido no sólo está obligado a devolver el importe de lo que recibió sino también los frutos que pudiera haber percibido.

94De lo dicho se desprende que el enriquecimiento debe ser permanente. No basta que se haya producido, sino que es menester además que subsista. Pero no es menester que subsista en especie, bastará que subsista en valor.

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PÁRRAFO VIII. ¿CUÁL ES LA EXTENSIÓN DE L A RESTITUCIÓN DEBIDA AL DEMANDANTE?
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95Para dar mayor claridad a la exposición, vamos a distinguir tres casos

96I.-El enriquecimiento del demandado es precisamente igual al empobrecimiento del actor. Este caso no presenta dificultad alguna; tal ocurre por ejemplo en la adjunción (Art. 658), en la especificación (Art. 662), en la mezcla (Art. 663), en el pago de lo no debido (Art. 2295) …

97II.-E1 enriquecimiento es inferior al empobrecimiento. La restitución se medirá por el monto de aquélla. Así lo resuelven los artículos 161, 253, 254, 1578 N.4 1, 1688, 2094 inciso 3, 2218, 2291 y 2292.

98III.-El enriquecimiento es superior al empobrecimiento. La doctrina y la jurisprudencia francesa, resuelven que en este caso, la restitución no podrá exceder del monto: del enriquecimiento.

99Sólo Ripert y Teisseire disienten de esta opinión y creen que la restitución debe comprender el monto total del enriquecimiento.

100Nosotros nos pronunciamos por la primera opinión. Contamos para ello con el apoyo de los artículos 909 inciso 2 y 1746.

101Las expresiones «restitución hasta concurrencia del beneficio reportado», «reembolso en cuanto la persona incapaz se hubiere hecho más rica», contenidas en los artículos 161, 146, 253, 254, 1578 número 1, 1688 y 2218 podrían llevarnos-considerados con un criterio simplista-a una conclusión contraria a la adoptada. Pero no hay que olvidar que estos artículos se refieren a actos celebrados por personas incapaces y que el espíritu del legislador, al establecer dichas disposiciones, fué protegerlos, limitar su responsabilidad, pero en manera alguna agravarla.

102Resumiendo, podemos decir con Colin y Capitant : «La extensión de la restitución está «limitada por una doble medida. Por una parte, no puede exceder del importe del enriquecimiento efectivo obtenido por el demandado; es decir, del beneficio que el acto o el sacrificio del demandante le ha producido. Pero, por otra parte, no puede exceder tampoco del empobrecimiento del demandante, es decir, de la cantidad en que su patrimonio se encuentra disminuído».

PÁRRAFO IX. ¿EN QUÉ TIEMPO PRESCRIBE LA ACCIÓN DE ENRIQUECIMIENTO?

103No existiendo una regla especial, rigen las disposiciones generales que para las acciones de obligación establecen los artículos 2514 y 2515 del Código Civil. En consecuencia, esta .acción se extingue por el simple trascurso de 20 años, contados desde el momento en que haya podido ser instaurada, porque por su naturaleza es una acción ordinaria.

104El Código Suizo de las Obligaciones establece en su artículo 67, la prescripción de un año para la acción de enriquecimiento, prescripción que empieza a correr desde el día en que la parte lesionada tuvo conocimiento de su derecho; y, en todo caso, a los diez años desde que nace este derecho.

CAPITULO IV. FUNDAMENTO DE LA ACCIÓN DE ENRIQUECIMIENTO.

105Los autores no se han puesto de acuerdo sobre el fundamento y la naturaleza jurídica de la acción de enriquecimiento sin causa.

106Muchas son las teorías que se han ideado al respecto, de las cuales las principales son

107
a) La de la gestión de negocios anormal;

108
b) La que lo considera un hecho ilícito;

109
c) La del cuasi-contrato;

110
d) La objetiva o del provecho creado;

111
e) La de la interdependencia de las personas, y

112
f) La de la equidad.

PÁRRAFO II. a).-GESTIÓN DE NEGOCIOS ANORMAL.

113Según esta teoría, la acción de enriquecimiento sin causa es una acción auxiliar de la acción de negocios y procede cuando por cualquiera circunstancia el hecho jurídico que se produce no reune todas las condiciones requeridas para constituir el cuasi-contrato de gestión de negocios. Es decir:

114
a) Cuando creyendo el gestor hacer un negocio suyo, hiciera el de otra persona;

115
b) Cuando creyendo el gestor hacer el negocio de una persona, hace el de otra;

116
c) Cuando el gestor ejecuta el negocio de otro contra la expresa prohibición de su dueño.

117Los defensores de esta teoría la apoyan en la tradición, en le Derecho Romano
Note(.

m) y prueban la intención del legislador de mantener dicha tradición con la analogía que creen ver entre la acción de negotiorum gestorum y la acción de enriquecimiento sin causa: tienen dicen ellos-la misma naturaleza jurídica; la misma causa (la intromisión de una persona en los negocios de otra) y el mismo fundamento (la equidad).

118Esta teoría cuenta con el apoyo de los tratadistas Demolombe, Laurent, Larombiére y otros autores clásicos franceses. Además, fué adoptada por la jurisprudencia francesa de la segunda época, como pudimos constatarlo al estudiar a través de ella el desarrollo de la teoría del enriquecimiento sin causa.

119Es esta teoría una consecuencia del empleo del método lógico en la interpretación de las leves, el cual trataba de encuadrar el principio del enriquecimiento sin causa dentro de las disposiciones del Código o por lo menos dentro de una de las instituciones consagradas por él.

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OBJECIONES.
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120I.-Jamás los romanos han considerado la acción de enriquecimiento sin causa, o sea, la conditio sine causa como auxiliar de la acción de negotiorum gestorum. Demolombe y sus secuaces han incurrido en este error debido a la denominación impropia de actio de in rem verso que en la actualidad se da a la acción de enriquecimiento sin causa.

121El pasaje de Ulpiano, en que se apoyan se refiere a la acción concedida contra el pater familias a consecuencia de actos ejecutados por su hijo o esclavo sin su autorización y fuera de su peculio profesional, pero que le habían proporcionado un beneficio.

122Aún cuando así no fuera, nada autoriza para sostener que el autor haya subordinado la acción de in rem verso a la de negotiorum gestorum.

123II.-No es efectivo que ambas acciones tengan una misma naturaleza jurídica, puesto que tienen distintos efectos. La actio negotiorum gestorum da derecho para repetir los gastos útiles y necesarios que la gestión hubiere ocasionado (Art. 2290) ; en cambio la acción de enriquecimiento sin causa sólo da derecho para repetir hasta concurrencia del beneficio obtenido por el demandado. III.-Ambas acciones no tienen una misma causa: la acción de enriquecimiento sin causa no supone necesariamente, como la acción de negotiorum gestorum, la ingerencia en los negocios de otro. IV.-E1 argumento de que ambas acciones tienen por fundamento a la equidad lejos de servir de apoyo a la doctrina, la destruye. Porque, ¿no es un contrasentido aceptar la equidad como fundamento de la acción de enriquecimiento sin causa en el caso de la gestión de negocios anormal y rechazarla como fundamento de otros casos de enriquecimiento ?

124Podemos terminar diciendo que la acción de enriquecimiento no se funda en la gestión de negocios anormal. Esta institución jurídica es un simple caso de enriquecimiento sin causa.

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PÁRRAFO III. b).-EL ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA CONSIDERADO COMO HECHO ILÍCITO.
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125Esta teoría ha sido expuesta y sostenida por Marcel Planiol.

126En las primeras ediciones de su obra «Traité Elémentaire de Droit Civil» consideraba la acción de enriquecimiento sin causa como una acción cuasi-delictual. En ediciones posteriores y en un artículo publicado en la Revue Critique de Legislation et de Jurisprudence

Note(.

n)la asimila a la familia de las acciones que nacen de hechos ilícitos.

127Llega a esta conclusión mediante los siguientes razonamientos

128I.-Todo cuasi-contrato se traduce en un enriquecimiento injusto.-En efecto-dice-si se busca la fuente de la obligación cuasi-contractual no en el acreedor sino en el deudor se descubre que el rasgo común que reune todos los hechos llamados cuasi-contratos es la existencia de un enriquecimiento sin causa a expensas de otro, cuyo valor debe restituirse.

129II.-Como todas las obligaciones cuasi-contractuales, la del enriquecimiento sin causa es una obligación legal.-Planiol reconoce sólo dos fuentes de obligaciones: la voluntad de las partes y la ley; por consiguiente, para él sólo existen dos categorías de obligaciones: las contractuales y las legales. Distingue dos clases de obligaciones legales: las que tienen por objeto evitar un perjuicio futuro (obligación de ser tutor por ejemplo), que llama obligaciones legales propiamente tales y las que tienen por objeto reparar una lesión ya realizada, que son las obligaciones delictuales, cuasi-delictuales y cuasi-contractuales, que comprenden las que nacen de un enriquecimiento sin causa.

130De modo que estas obligaciones no son, en realidad, más que «la transformación en dinero de una obligación legal preexistente, que no se ha cumplido o se ha violado».

131III.-Todo cuasi-contrato, es decir, todo enriquecimiento injusto es un hecho ilícito.-Según se vió en la proposición anterior, la obligación de restituir el enriquecimiento sin causa tiene su fuente en la violación de una obligación legal preexistente. Ahora, ¿ qué es esta violación, sino una culpa?
Note(.

o) . Y quien dice culpa, dice hecho ilícito
Note(.

p). Por último, dice PIANOL en su artículo sobre la clasificación de las fuentes de las obligaciones: se tiene la costumbre de detenerse en el hecho inicial, en el hecho del enriquecedor, y se afirma, por lo tanto, su carácter lícito. No es sin embargo, este hecho el acto generador de la obligación, porque no es su autor el obligado. El hecho generador debe producirse en la persona del obligado, ya que, si no su obligación arrancaría del hecho de otro, lo que es inadmisible, o bien la obligación sería sin causa. No puede encontrarse la fuente sino del lado del obligado, es decir, en el hecho de parte de éste de enriquecerse a expensas de otro. Ahora bien, un semejante enriquecimiento es, según su definición misma, un hecho ilícito, puesto que es injusto, y no podría permitirse en el que lo posee, la pretensión de conservarlo, desde que la obligación tiene por causa un estado de hecho contrario a derecho.

OBJECIONES.

132
Critica a la primera proposición.-No es efectivo que todo cuasi-contrato se traduzca en un enriquecimiento injusto. Baudry Lacantinerie dice al respecto: que todo cuasi-contrato sea un caso de enriquecimiento sin causa es una tesis insostenible, por lo menos en lo que se refiere a la gestión de negocios; desde luego, no es en la medida del enriquecimiento que el dueño debe indemnizar al gerente (Art. 1375 Código francés y 2299 Código chileno) ; además, no se puede explicar por un enriquecimiento sin causa, la obligación del gerente de continuar la gestión hasta que el interesado pueda tomarla o encargarla a otro (Art. 1373 Código francés y 2289 Código chileno.

133Y agregan Ripert y Teisseire : «Es cierto que si el gestor de negocios no tuviera ninguna «acción contra el dueño, éste se enriquecería a expensas de otro
Note(.

q) y es lo que ha podido producir la ilusión. Pero de aquí no se deduce en manera alguna que la acción negotiorum gestorum se funde en el enriquecimiento sin causa.. De otro modo cuál no sería la acción que no tendría este fundamento ? … que una acción evite un enriquecimiento, no significa que encuentre en éste su fundamento y principio».

134
Crítica a la segunda proposición. – A primera vista parece que se ha resuelto el problema con la adopción del concepto jurídico, según el cual, la acción de enriquecimiento nace de la violación de una obligación legal preexistente. Pero, con un estudio más detenido se observa que la dificultad surge de nuevo cuando se trata de determinar esa obligación legial preexistente, para lo cual Planiol, no ha dado ninguna fórmula. Como dicen Ripert y Teisseire «dicho concepto jurídico cambia de lugar el problema, pero no lo resuelve».

135
Critica a la tercera proposición.-La teoría que considera el enriquecimiento sin causa como un hecho ilícito no puede aceptarse en nuestro país. Más aún no hubiera podido siquiera formularse, porque el artículo 2284 dice expresamente al referirse a las obligaciones que nacen del hecho voluntario de una, de las partes: «si el hecho de que nacen es lícito, constituye un cuasi-contrato».

136Además si el hecho ilícito y el enriquecimiento sin causa tuvieran el mismo fundamento y naturaleza jurídica deberían tener también la misma causa y análogos efectos.

137En cambio vemos que mientras todo hecho ilícito supone la existencia de dolo o culpa de parte de la persona obligada, este elemento no concurre en el enriquecimiento, ya que el enriquecido nada ha hecho para procurarse el beneficio, beneficio que recibe por el hecho exclusivo de quien lo enriquece. Y mientras que la obligación delictual se extiende a todo el daño producido, la que nace del enriquecimiento sin causa se reduce al importe del provecho obtenido por el enriquecido.

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PÁRRAFO IV. c) LA TEORÍA DEL CUASI-CONTRATO.
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138Baudry Lacantinerie y Barde al refutar la teoría anteriormente expuesta dicen: «Si bien nosotros no admitimos que todo cuasi-contrato sea un caso de enriquecimiento sin causa, creemos, por el contrario, que todo enriquecimiento sin causa constituye un cuasi-contrato».

139El tratadista Bufnoir considera también la obligación de restituir impuesta por el enriquecimiento sin causa, como una obligación cuasi-contractual.

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OBJECIONES.
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140El cuasi-contrato, según se desprende del artículo 2284 de nuestro Código Civil, es un hecho voluntario, lícito y no convencional que impone obligaciones. Supone, por lo tanto, necesariamente, la manifestación de voluntad de una parte.

141En el enriquecimiento sin causa el elemento subjetivo, o sea, la intención, no tiene importancia. Para que nazca la obligación de restituir basta que haya un empobrecimiento sin causa de un patrimonio a costa de otro, haya o nó habido intención por parte del obligado y aún cuando éste ignore su enriquecimiento, es decir, se atiende exclusivamente al elemento objetivo.

PÁRRAFO V. d) TEORÍA DE LA RESPONSÁBILIDAD OBJETIVA O DEL PROVECHO CREADO.

142Esta teoría ha sido ideada por los tratadistas Ripert y Teisseire quienes la desarrollaron en un estudio publicado en la Revue Trimeistrelle de Droit Civil el año 1904.

143La teoría dé Ripert y Teisseire como la de Planiol, relaciona el enriquecimiento sin causa con la responsabilidad. Pero mientras ésta funda la responsabilidad en la culpa y parte del hecho del enriquecido, aquélla funda la responsabilidad en el riesgo creado y toma en cuenta, el hecho del enriquecedor.

144La teoría del provecho creado puede resumirse en las dos siguientes proposiciones

145I.-Quien ha creado el riesgo debe soportarlo. II.- Quien ha creado un provecho debe beneficiarse de él.

146I.-Proposición.-Quien ha creado un riesgo debe soportarlo. La noción del riesgo- dicen- más conforme a la equidad y a la utilidad social que la antigua noción de culpa, suprime las investigaciones subjetivas tan inciertas sobre el estado de espíritu del autor del acto. Es una noción OBJETIVA. El juez no tiene que preocuparse de ninguna relación de culpabilidad, desde que es solamente la relación de causalidad la que tiene importancia. Cada uno es responsable del daño que causa y en la medida que lo causa.

147II.-Preposición.-Quien ha creado un provecho debe beneficiarse de él. Si la teoría de la responsabilidad reposa sobre la idea que es justo y bueno hacer soportar a cada actividad los daños que causa, las mismas razones y las mismas consideraciones deben hacer encontrar bueno y justo que cada actividad pueda reivindicar para ella los resultados útiles que ;son su obra. Esta segunda proposición es exactamente la contraparte de la primera, su complemento necesario, todos los razonamientos que se pueden hacer valer en apoyo de la una deben poder servir para la, justificación de la otra. «Si hay una teoría del riesgo creado, es preciso que haya una teoría correspondiente del provecho creado».

148Así, si uno de mis actos perjudica a un tercero, éste tendrá derecho para hacer recaer sobre mí las pérdidas ocasionadas, y a la inversa, si uno de mis actos enriquece a otro de alguna manera, yo tengo el derecho de reclamar, por la acción de enriquecimiento, una suma igual al provecho que yo he creado y del cual resulta -un tercero beneficiado.

149Responsabilidad y enriquecimiento derivan de un principio común qué le es, superior, que quiere que todo efecto se atribuya y relacione con su causa y cuya mejor fórmula seria; entendida en un espíritu nuevo, el sum cuique tribuere de los antiguos.

150Responsabilidad y enriquecimiento son dos fases de una misma verdad. El punto común es él hecho, la iniciativa; la aplicación de un principio superior de equidad: la atribución a cada uno de las consecuencias de sus actos,- conduce según se trate de un daño o de un provecho a resultados simétricos y perfectamente concordantes.

OBJECIONES.

151Vergniaud rebate esta doctrina haciendo las siguientes objeciones:

152I.-Es sabido que la teoría del riesgo profesional data tan sólo de los últimos años del siglo XIX. ¿ Cuál sería entonces el fundamento de la acción de enriquecimiento con anterioridad a la aparición de dicha teoría?, Cualquiera menos la del provecho creado.

153II.-La fórmula «quien ha creado un provecho debe beneficiarse de él», debe rechazarse porque restringe la aplicación de la noción del enriquecimiento sin causa. En efecto, la teoría del provecho creado supone una actividad desplegada por el actor. Ahora, si el enriquecimiento resulta del hecho de un tercero, como en el caso de averías comunes, o del hecho del enriquecido mismo, como en el caso de edificación y plantación en terreno ajeno ¿se negará en estos casos la acción dé enriquecimiento? Y si se la concede ¿cómo podrían basarse en la teoría de Ripert y Teisseire?

154La aplicación rigurosa de esta teoría conduciría, pues, a negar la acción dé enriquecimiento en casos que el código y la doctrina han aceptado.

155III.-No es efectivo qué la teoría del provecho creado suprima las investigaciones subjetivas sobre el estado dé espíritu del autor del hecho. Así, para distinguir la gestión de negocios del enriquecimiento sin causa, es necesario saber si el gestor ha tenido o no la intención de representar al dueño; hay además otros casos en que es menester atender a la buena o a la mala fe del reclamante.

156Baudry Lacantinerie dice al referirse a la teoría de Ripert y Teisseire. «Todos sus razonamietos se reducen a que la regla expresada por ellos, es, una regla de equidad que se impone. Pero ¿la regla de equidad de que que nadie debe enriquecerse sin causa a «expensas de otro» no es tanto o más imperiosa?»

cAPITULO VI. e) TEORÍA DE LA INTERDEPENDENCIA JURÍDICA.

157La generalidad de los tratadistas apoyan la teoría de las obligaciones en el principio de la independencia de los individuos, según el cuál nadie puede quedar obligado sino por la voluntad propia o de la ley.

158Frente a esta concepción individualista del derecho se ha alzado, en los últimos tiempos, una concepción socialista, la cual basa la teoría de las obligaciones en la idea de la interdependencia jurídica, corolario forzoso de la interdependencia social.

159Siendo así, basta que una persona haya procurado a otra un enriquecimiento sin causa justificada, para que está quede aún a pesar suyo, acreedora para ,con aquel por el monto de dicho enriquecimiento.

160Esta teoría que funda la obligación de restituir el enriquecimiento• sin causa, en la interdependencia de los individuos, ha sido sustentada por, el tratadista René Demogue.

OBJECIONES.

161I.-La teoría de Demogue parte de una base errada, la de suponer autor del enriquecimiento exclusivamente al titular del patrimonio lesionado. Y decimos que es errada, porque el enriquecimiento puede también tener suorigen en el hecho de un tercero o de un azar.

162II.-Nuestro Código, se pronuncia francamente por el principio de la independencia de los individuos: de los artículos 1449 y 1450 que tratan de la estipulación por otro y del artículo 1545 que trata del efecto de las obligaciones se desprende que «nadie puede adquirir derechos contra su voluntad ni obligarse sin. su voluntad».

PÁRRAFO VII. f ) TEORÍA DE LA EQUIDAD.

163Según esta. teoría, la acción de enriquecimiento sin causa se funda en la regla de equidad de que «nadie debe enriquecerse sin causa á expensas de otro».

164Etimológicamente, equidad – aequitas significa igualdad; hacer respetar la equidad es poner en un mismo pie de igualdad los derechos de todos los individuos, asegurar a cada uno la misma cantidad de ventajas y la misma suma de beneficios. La equidad-viene. a ser un principio de igualdad, de equilibrio, de armonía.

165En nuestra opinión la teoría de la equidad, es la que nos da el verdadero fundamento de la acción de enriquecimiento.

166No es esta, una teoría qué seduzca a primera vista. No tiene el brillo, la armonía ni el ingenio de muchas de las anteriormente expuestas. Sólo después de un estudio atento de éstas y comprobada su artificialidad, se alza ante nuestra opinión, la teoría de la equidad, por su sencillez casi perfecta, por la claridad de sus principios, por su comprensibilidad que hace posible todas las aplicaciones que puedan desearse.

167Cuenta además con el apoyo de una poderosa razón de orden histórico: el Derecho Romano en quien se ha inspirado el Código Francés ,y el nuestro al reglamentar esta institución jurídica, como hemos podido comprobarlo en el curso del presente estudio, fundaba la acción de enriquecimiento, o mejor, la conditio sine causa, en la equidad como se desprende de la fórmula clásica: «Jure naturoe oequum est, neminem cum alterius detrimento et injuria fieri locupletiorem»
Note(.

r).

168Sus principales sostenedores son: Aubry et Rau, Labbé, Leone, Riccobon, Carberlotto y los argentinos Salvat y Cermessoni.

169Ha sido consagrado además por varias sentencias de las Cortes Francesa y Argentina.

CONCLUSIÓN.

170Cada vez que una persona se enriquece sin derecho a expensas de otra, esté el casó contemplado o no por una disposición legal, el que se ha. empobrecido tiene una acción en contra del que se ha beneficiado injustamente para obtener la restitución del monto del enriquecimiento.¿ En virtud de qué? en virtud del principio superior que ordena dar a cada uno lo suyo, en virtud del principio de la equidad.

ELENA CAFFARENA MORICE – EL ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA A EXPENSAS DE OTRO EN EL DERECHO CIVIL CHILENO -Cap III 1926uchile Recuperado el 19 feb, 2010

Disponible en http://www.cybertesis.cl/sdx/uchile/notice.xsp?id=uchile.1926.caffarena_e-principal&qid=pcd-q&base=documents&id_doc=uchile.1926.caffarena_e&num=&query=&isid=uchile.1926.caffarena_e&dn=1

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