Felicidad y coyuntura en un Estado policial

[Represión, autoritarismo y Estado policial, presupuestos militares]

 

Me declaro “anti-coyuntura”. Las cosas importantes no son por episodios esporádicos o coyunturales, sino por el día a día, por lo estructural. Las fuerzas represivas no tienen “excesos” ocasionales, sino que su idiosincrasia, posición de autoridad y monopolio de la violencia les hacen que su mismo núcleo esté efervescente de arrogancia y violencia. Si a esto le sumamos la obediencia ciega y la cobardía de actuar -como siempre hacen- protegidos por armas y por otros represores más (sea fuera de un Rectorado, en una habitación de una comisaría o en las calles de cualquier ciudad) la combinación es brutal. Pero brutal de por sí, a priori, por su índole, siempre; no a posteriori y coyunturalmente.

Muchas veces olvidamos que a parte de tener el monopolio de la violencia física, también tienen el de la simbólica. El de la soberbia continua y el restregarte que están siempre por encima; el del desarmado que reivindica algo que cree justo frente al armado por tus impuestos dispuesto a detenerte o golpearte; el del “obedece y calla” mientras pisotean tu dignidad; el de que te acusen de desorden público o desobediencia a la autoridad por lo que les venga en gana; el de ir a denunciar determinados delitos y que te digan “vuélvete a tu casa o ya verás” (como les han dicho tantas veces a mujeres maltratadas); el de estar detenido y en un frío calabozo durante decenas de horas sin que dejen que nadie sepa nada de ti; o el de pedir el número de placa y que te respondan “un 43 de mi bota en tu cara”. ¡Qué felicidad!

 Eso se llama violencia simbólica, y no es coyuntural, sino del día a día. Esa actitud, posición y espíritu es estructural, y hechos como a los que me acabo de referir pasan, con connotaciones diversas, un día tras otro.  Y pasan desapercibidos para muchos, pero están ahí continuamente. Por eso da más rabia que no se tenga en cuenta su gran importancia. Y como los medios convencionales sólo olfatean (y cuando les conviene) el amarillismo de los palos y de la sangre, parece que no son, que no existen.

Todo esto en sociedades crecientemente infestadas de cárceles y armas, donde los trabajos que más demanda de personal tienen son los de las fuerzas represivas: policía, ejército, seguridad privada. Mientras, el paro rebosa por todas partes, sea en trabajadores del sector primario y secundario o en innumerables licenciados que se tienen que arrastar viendo su futuro negro. Háganse policías o militares, verán como son felices y el futuro lo tienen asegurado.

 Unas sociedades que, como la española invierten (invertimos por medio del Estado, sobre el que ninguna democracia preguntó si lo queríamos o no) en investigación militar tres veces más, repito, tres veces más que el dedicado a investigación científica básica, fuente principal de financiación de las Universidades y el CSIC; o cerca de veintiséis, repito, veintiséis veces más que el dedicado a investigación agraria. Sólo cinco empresas relacionadas con la industria militar (EADSCASA, General Dynamics, SENER, Navantia e ITP) se embolsaron de dinero público más de dos veces lo que reciben todas las Universidades y el CSIC para I+D civil. Una de ellas -General Dynamics, una de las principales proveedoras del Pentágono- ha recibido así del Estado español, para el desarrollo de dos tipos de carros de combate, más dinero que el destinado a toda la investigación sanitaria[1].

Sean felices, en su Estado policial.


[1] Informe 2006 sobre los Presupuestos para I+D civil y militar en el Estado español” elaborado por la Fundació per la Pau

Escrito por dondeempiezaeldesierto el 29/03/2009 publicado en    http://dondeempiezaeldesierto.blogspot.es/

 

 

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