Violencia y domesticación

J.Camatte

Sábado 2 de octubre de 2010

 

Publicado en  http://punkfreejazzdub.blogspot.com/

Violencia y domesticación

A propósito del devenir de la especie humana, de la comunidad inmediata a la comunidad emergida de, e integrada en el cosmos.

1.-La violencia aparece, se manifiesta en el momento en que hay una ruptura de un proceso. Es aquello que hace posible la ruptura, ya sea en el medio físico, cósmico o humano. Recíprocamente, sobretodo a nivel humano, hay ejercicio de la violencia para defender este proceso amenazado. Implica la puesta en marcha de energías más o menos orientadas y por tanto la manifestación de fuerzas.

2.-La violencia tiene pues una realidad natural, es decir, que se pueden constatar en la naturaleza fenómenos de violencia. Sin embargo, es en las comunidades, en las sociedades humanas donde es una realidad verdaderamente significativa porqué revelarse la mayor parte del tiempo como un objetivo reconocido o no, y porqué ciertas agrupaciones humanas intentan gobernarla y manipularla en su provecho.

3.-Parece ser que en el momento en que hay manifestaciones de violencia, han de ponerse en juego fuerzas importantes. Pero esto no es universalmente cierto. Puede haber violencia sin despliegue de fuerza. Así, la no violencia de Gandhi, que no ejercía una acción directa sobre el aparato económico político de la potencia británica en la India, operaba de todas maneras una violencia pura, porqué frenaba el proceso de producción global. La violencia legal expresándose a través de las leyes codificadas, es otro ejemplo: las leyes implican una violencia latente y potencial que puede manifestarse si los individuos las rechazan y por otra parte esta violencia se presupone para poder establecerlas.

4.-La violencia parece en el devenir humano como una determinación invariante, incluso si ella no se expresa siempre del mismo modo. Opera en primer lugar en el momento del corte/separación entre los hombres y las mujeres de la comunidad primitiva, lo que permite la iniciación de un proceso de individualización que, en tanto negación potencial de esta, crea una violencia a la que responde la comunidad para detener el proceso, para inhibirlo. Además el corte provoca un desequilibrio tal que la comunidad no es capaz de autoregularse y, por este motivo, hay una tendencia la crecimiento de la población que le cuestiona la estructura comunitaria; de esto la emergencia de lo político y de lo que será el Estado. Las comunidades reaccionan con violencia tratando de destruir aquello que emerge y trata de impedir que se autonomice. Si la violencia no llega siempre a la guerra (caso analizado por P. Clastres), puede tomar múltiples vías, en particular la de las trabas, a fin de frenar un proceso que niega la vida anterior.

5.-Las diversas rupturas del equilibrio en el medio ambiente debidas sea a fenómenos geológicos (glaciaciones, variaciones del nivel de mar también de los ríos, seísmos y erupciones volcánicas), sea a la actividad de los hombres y las mujeres, obligaron a los seres humanos a adaptarse y a adaptar su medio. Los hombres devinieron cazadores, mientras las mujeres inventaron la agricultura. Ulteriormente, la especie ejerce su violencia de otro modo, domesticando a los animales y a las plantas.

6.-A partir de este estadio se pueden señalar tres modalidades que ha tenido la especie humana de gestionar la violencia, que no han podido ser frenadas ni abolidas.

a.-La modalidad más o menos arcaica con las comunidades no desagregadas donde la política y, a fortiori el estado, no pueden autonomizarse. La violencia, cuando existe de un modo cinético es un asunto de toda la comunidad.

b.-El estado administra la violencia, pero no se autonomiza de la comunidad que es despótica.

c-El estado gestiona la violencia y da garantías más o menos importantes a los individuos que no están autonomizados y le han delegado la violencia, el poder, etc., a través de mecanismos muy complejos y de hecho por la existencia de clases. Es la existencia de estas últimas que dinamiza la violencia, de donde para que haya convivialidad, se necesita un mecanismo de conciliación que no concierne solo al estado, sino al conjunto de los hombres y de las mujeres: la democracia. Se la puede caracterizar a este nivel, como un proceso de interiorización de la violencia y por este hecho un motor esencial de la domesticación.

8.-La domesticación es un proceso por el cual la especie que lo sufre, es arrancada de su proceso de vida natural, y se sitúa bajo la dependencia del proceso de vida de otra especie. En el caso de los animales y de las plantas se hablará de su explotación; en el caso de los humanos, la domesticación –prolongación de la que se inflinge a los animales- es el hecho de la aceptación del orden establecido sin que haya obligación (al menos en la fase final del proceso); es la eliminación de todos los instintos, de todas las pulsiones. Es pues un proceso de mutilación. Así los hombres y las mujeres no han podido yugular la violencia desencadenada por su devenir mismo (el momento de la ruptura y del desencadenamiento de la violencia puede ser la base de lo que en la representación religiosa es el pecado original, la catástrofe inicial, etc…) que domesticándose (la civilización, la educación y sus eufemismos).

9.-No se puede pues juzgar la violencia en si, sin referirse al otro fenómeno en escena desde hace milenios y que tiende a reducir a la especie a un estadio de decadencia extrema: la domesticación. Si se analizan las diferentes sociedades sólo desde el punto de vista de la violencia, se pueden considerar las de occidente, donde la democracia ha predominado, como más humanas, mientras las de oriente, donde reina desde hace tanto tiempo el modo de producción asiático, serían más bárbaras, en el sentido corriente del término. Es por esto que yo pude escribir: “En lo que concierne a la democracia política, es verdad que ha tenido el mérito de limitar los desbordamientos de la violencia” (“Marx et la Gemeinwesen”) pero esto no es válido añadiendo además la violencia enorme ejerciendo sobre el proletariado y los pueblos de color, más que teniendo en cuenta el resultado fundamental: la domesticación. La democracia no es realmente operativa más que si la domesticación es la vía de realización, consiguiendo hacer de los hombres y las mujeres partículas neutras. Entonces, podemos preguntarnos si la democracia representa alguna ventaja para la especie.

10.-Así para enjuiciar la violencia, es necesario considerar el proceso de transformación que ella efectúa, es decir el devenir que implica, lo que la pone en relación con el proceso de alienación; ahora bien esto no tiene que ser siempre necesariamente negativo: desposesión, extrañamiento, puede permitir igualmente una progresión. Del mismo modo se puede decir que la violencia és positiva cuando permite acceder a un estadio de vida más feliz, puede ser negativa cuando nos obliga a vivir bajo la dominación, la explotación, etc., y, a nivel individual, se puede añadir cuando se hace exterior a nosotros, de nuestro proceso de vida, sin permitirnos reencontrarnos junto a nosotros mismos.

Dándose la primera posibilidad, es evidente que la utilización de la violencia ha podido ser reivindicada y que, entonces, la dificultad fue poderla controlar.

11.-Actualmente, a escala mundial, existe una convergencia entre la comunidad del capital, que solo se puede instaurar, en Occidente, a partir del momento en que el proceso de democratización, igualación, homogeinización, indiferenciación alcanza su máximo, y el modo de producción asiático sólo cuando el capital se constituye en comunidad y este suplanta a esta se puede escamotear la fase democrática para alcanzar la domesticación.

En todos los casos la violencia existe por todas partes, sólo que está absorbida en instituciones o bien se enmascara con la mistificación democrática. Sin embargo, nuestra época es la que, cada vez más, presenta más dificultades para representar no sólo la violencia actual, sino también la acumulada a lo largo de los siglos. La única solución en el marco de la comunidad capital es la domesticación que no es de hecho nada más que la violencia congelada, porqué es más una inhibición absoluta que una destrucción.

12.-La toma de posición frente a la violencia depende de la percepción/comportamiento vis-a-vis del proceso, de la ruptura y del fenómeno que la causa. Especialmente se plantea la pregunta ¿la ruptura es necesaria?. Todo ello depende igualmente de la aceptación o no de la domesticación.

Ciertos etólogos, como Konrad Lorentz consideran que el hombre es una especie que se autodomestica, y consideran el proceso de domesticación, que es un proceso de socialización (de hecho de desposesión de los individuos), como positivo pues puede eliminar la violencia por inhibición de la agresividad que seria constitutiva de nuestra especie. Por este hecho, K. Lorentz tiende a exaltar los ritos, los roles que constituyen el hombre social, Poniendo cortapisas e inhibiendo al ser humano.

13.-El proceso de separación de los hombres y de las mujeres de sus condiciones inmediatas fue varias veces frenado y se constituyeron comunidades más o menos estables. Con el Capital se reemprendió a gran escala tanto en extensión como en intensidad; es lo que K. Marx analizaba diciendo que la separación es el primer concepto del Capital y ha mostrado hasta que punto la violencia está en la base de su desarrollo. Este proceso de separación que alcanza a todos los aspectos de la vida humana, se persigue a todo lo largo del devenir del capital; ciertamente contrabalanceado por un proceso de unificación en el que los hombres y las mujeres son recompensados a partir de sus mediaciones.

La violencia se ejerce en tanto que fenómeno de despojamiento, y lo que fue extorsionado a los hombres y a las mujeres se englobó en el proceso de vida del capital. Es con la ayuda de elementos que, en otro tiempo, formaban parte de sui ser que se hacen ahora las mediaciones de reconstrucciones de unidades.

14.-Los hombres y las mujeres han luchado contra esta opresión-desposesión pero la mayor parte del tiempo sin reconocer su verdadera realidad de tal manera que las revoluciones que se iniciaron en el siglo XVI (actos de violencia por excelencia, pues deben destruir un proceso de la vida social a fin de permitir la instauración de otro) fueron provechosas a la dinámica del capital pues le permitieron eliminar una serie de obstáculos a su libre desarrollo.

La liberación es violencia pues también consiste en la destrucción de trabas que inhiben una cierta voluntad de vivir, teniendo en cuenta que este proceso aporta un empobrecimiento, pues los hombres y las mujeres se liberan desposeyéndose, desnudándose de diversas determinaciones, lo cual facilita la ulterior domesticación.

Ruptura de un proceso, separación, revolución, liberación, emancipación implican todos violencia. En el caso de la revolución, entendida como retorno a una forma de vida anterior, se presenta como el fenómeno que ha de abolir aquello que produce la violencia.

Es a propósito de las revoluciones que se ha justificado e incluso reivindicado el uso de la violencia, desde un punto de vista inmediato, esto es justo. Los datos históricos han probado que siempre ha habido escapes de violencia, que fueron difíciles de controlar porque están arraigados en lso dominios profundos inalcanzables, de los que ni se sospecha de su existencia.

Más allá del hecho de que la serie de las revoluciones ha terminado, rechazo el proceso revolucionario y la exaltación de la dinámica de la liberación, porqué son, en definitiva, momentos y modalidades de acceso del capital a su plena dominación. Hemos dicho: es necesario encontrar una vía para eliminar la violencia y la domesticación.

15.-La violencia es igualmente reivindicada en tanto que medio para acelerar la aparición de la nueva sociedad, eliminando de manera draconiana todos los obstáculos a su nacimiento. No obstante las diversas revoluciones han mostrado que fue imposible dirigir la violencia, que esto solo lo puede hacer una dictadura muy estricta, feroz, lo cual va en contra del proyecto revolucionario. Además en la comunidad capital actual, saturada de violencia latente, potencial y actuante, todo intento de conducirla en una dirección dada está abocado al fracaso por la parcelización extrema de la humanidad.

Esto no es una condena del proyecto de los revolucionarios de siglo pasado (el XIX), en particular el de K. Marx y F. Engels. Ellos razonaban en una sociedad menos evolucionada en la violencia que la nuestra y los seres humanos estaban menos separados que hoy en día.

Hay que constatar que reivindicaron su proyecto en una camino determinado; ahora bien dado el acceso del capital a su comunidad, ya no es utilizable, no es compatible con nuestra aspiración a una comunidad humana.

En fin, no decimos que debamos evitar toda violencia, pero podemos al menos evitar utilizar el mismo tipo de violencia que el capital.

16.-Así en el curso de la historia se pueden detectar dos modalidades de manifestación de la violencia: la de los oprimidos, de los explotados que intentan refundar una comunidad humana, y aquella de los dominantes, de los amos que quieren reactualizar siempre la ruptura, presentada como salida de la animalidad afirmando como principio de gobierno y de poder que el hombre no es un animal y que es preciso organizar a los hombres y a las mujeres de tal manera que no recaigan en la animalidad o en el caos. La violencia se manifiesta en la voluntad, afirmada a lo largo del tiempo, de querer organizar, dar forma al caos y todo esto se expresa en las diversas conductas humanas (particularmente en el arte).

Dado que el principio de progreso –la salida de la animalidad- ha sido interiorizada por todos, amos y esclavos, explotadores y explotados, se comprende que la dominación de los seres humanos haya podido hacerse desde dos polos sociales, a partir de todas las clases.

17.-Las diferentes manifestaciones actuales de la violencia se producen (surgen) sobre la base de la comunidad actual del capital, pero al mismo tiempo tienen una dimensión histórica que acrecienta su intensidad. Se debe al hecho, a menudo indicado, de que las contradicciones han sido, en el curso del tiempo, englobadas y no resueltas y son generadoras igualmente de una inmensa violencia potencial.

18.-La separación de la comunidad inmediata original provoca un inmenso trastorno, un sentimiento de inseguridad (problema de la certitud de existir, de la presencia en el mundo…). Los hombres, las mujeres, buscan un cuadro, un mundo que les de seguridad. Esta búsqueda les conduce a inhibir o a aniquilar toda manifestación que pueda poner en cuestión el cuadro más o menos estable que se han creado.

La violencia puede desaparecer simplemente de la desaparición de los límites, de las fronteras que encierran el dominio espacio-temporal y representativo en el cual se alojan los seres humanos. Pues entonces se produce un fenómeno de pánico y la energía, antes canalizada, es liberada brutalmente tendiendo en un efecto creador-destructor, como por arte de magia, a suscitar un nuevo cuadro de seguridad. Allí hay el desarrollo de una actividad conjuratríz.

Este fenómeno se produce actualmente en todas las agrupaciones humanas conmocionadas por la introducción demasiado brusca del capital.

Hay un fenómeno de huida que se puede reconducir a la violencia únicamente en la medida en que copntribuye a destruir un cierto proceso de vida.

Es una especie de locura (la locura resulta de una violencia sobre el ser humano, y puede ser ella misma violencia para restablecer o establecer un cierto proceso de vida) que hay que distinguir de aquella que se pone en marcha sobre la base de la expropiación total de los hombres y de las mujeres por el capital. Los totalmente desposeídos, devienen inútiles, no pudiendo ya, por causa del desarrollo de la técnica, asegurar un ligamen armonioso entre la actividad de la mano y la del cerebro; tienen una energía que no pueden desplegar, es entonces que la liberan en una “violencia ciega” (se la describe así), que consiste por ejemplo, en esos jóvenes que se aplican a destruirlo todo sin decir nada ni manifestar ninguna reivindicación.

Los seres bloqueados, inhibidos en su proceso de vida pueden llegar hasta la autodestrucción; la violencia afecta entonces al sujeto mismo que la despliega.

19.-Los seres humanos han creado diferentes medios para reencontrar la seguridad perdida. Si la religión todavía tiene pujanza (por ejemplo el islam), se debe, no solamente a su carácter comunitario, sino también a que asegura a los hombres y a las mujeres, definiéndoles y marcando su dominio de vida. De aquí el fanatismo religioso engendrado por el miedo a perder la seguridad. No es necesario siquiera poner en cuestión su dominio de certitud; la simple duda puede significar la no utilidad de su presencia en el mundo. La religión, sobretodo en occidente, pone a hombres y mujeres en un proceso de vida dominado por la renuncia; no se vegetal, animal ni humano. Es la reforma de la comunidad sobre una base totalmente extraña. N reacción, se comprende que se den diversas tentativas de constituir religiones naturales.

La fuerza del estado procede de los mismos elementos.

Este deseo de orden, de seguridad, se encuentra igualmente en la ciencia, que saca su fuerza de que determina a priori su dominio de validez, las fronteras dentro de las cuales es operativa. La ciencia igualmente tampoco está al abrigo del fanatismo.

Además la ciencia experimental está directamente fundamentada en la violencia, puesto que su actuación consiste en romper los diversos procesos físicos o biológicos para comprender sus mecanismos. Si la religión desenvoca en una violencia sobre hombres y mujeres, la ciencia, en tanto que violencia sobre el mundo y los seres vivos, puede llegar ahora con la sociología y la psicología a ejercerla sobre los seres humanos. La violencia es aquí justificada mediante la superioridad del ser humano sobre los animales y a la necesidad del orden.

En fin, gracias al arte los seres humanos han buscado crearse un universo donde sean la medida de todas las cosas.

20.-La separación de la comunidad original supone el surgimiento de la dicotomía exterior/interior y sobretodo aquella entre si mismo y el otro que fundamenta el problema de la identidad de los dos puntos de vista.

a./ desde el sujeto, de uno mismo, en este caso la identidad es sinónimo de originalidad, del conjunto de caracteres que le determinan en su individualidad;

b./ desde el otro: se trata entonces de saber cual es su relación con uno mismo, cual és su diferencia más o menos grande, y si esta es compatible, etc.

Es cierto que la cuestión de la identidad está totalmente ligada a aquella de la seguridad, porque el surgimiento del otro, en su diversidad, puede poner en cuestión la identidad de uno mismo, del sujeto, lo que demuestra que el otro está en relación igualmente con el proceso de individualización.

La afirmación de un diverso siempre se ha percibido como un fenómeno de agresión, como una amenaza sobre la identidad y al sentido de uno (por ejemplo el caso de la comunidad judía).

Es posible que la locura nazca con la fragmentación de la comunidad pués el otro es un diverso que pone en cuentión lo mio, y el loco es aquel que amenaza a la comunidad. Ahora bien el ser individualizandose, emergiendo de su comunidad, difícilmente consigue reencontrarse cerca de ella después de haber hecho esta incursión fuera de la comunidad, que tiende a partir de entonces a rechazarle.

La violencia se manifiesta en todo el proceso de identificación donde, gracias a un acto que permite al indivíduo separarse de su medio original, hay adhesión a una comunidad dada. Desde este momento hay un derecho a identificarse con ella, se ha adquirido una identidad.

Este fenómeno aparece en parte en la iniciación: corte con el antiguo estado en la iniciación primitiva; corte con el antiguo modo de vida en el caso de los místicos (por ejemplo el caso extraordinario de Milarepa). La ausencia de iniciación en el mundo actual hace que exista una cierta cantidad de energía que se liberará no importa como.

En nuestros días todo el proceso de la vida ha sido perturbado, machacado, deformado; es el resultado de los fracasos en los que los seres humanos no sabiendo encontrar una realidad donde ser feliz, no puede existir más que destruyendo o destruyéndose; pues destruir es un simulacro de crear y de conjurar.

Esto actúa en los diversos rackets que se multiplican en la comunidad capital (formación, por ejemplo, de pequeñas microcomunidades a partir del modos de actuar diferentes que se excluyen, de aquí la violencia y triunfo de la comunidad capital). Igualmente todo esto opera en las relaciones entre hombres y mujeres de aquí la puesta en cuestión de los roles que fundaban su identidad.

21.- El desarrollo de la comunidad capital se ha hecho de modo que garantiza una seguridad y una identidad al individuo, es decir que le confiere un cierto ser que puede definirse ya como social para indicar su origen, ya comunitario para señalar mejor en que estado del devenir nos encontramos. Las mujeres y los hombres sienten cada vez más que viven en un patíbulo y en una abstracción (el desarrollo del capital supone y vaacompañado de un inmenso proceso de abastracción, otro modo de significar-realizar el proceso de separación), y que no pueden acceder a una realidad más que a través de mediaciones; de ello surge una violencia aparentemente iracional, inexplicable, para destruir el ser social que les aprisiona; con el fin de encontrar una inmediatez a menudo difícilmente definible.

Tal es la expresión de una violencia –en general condenada- contra una violencia cristalizada y estructurada, pues se trata de la racionalidad de un mundo que se nos escapa que hace que la percepción que se puede tener de uno mismo quede ilustrada por la idea de ser echado al mundo por la fatalidad a la que hay que plegarse, a esto se ajusta la percepción de que todo esta ya jugado desde que uno nace.

La reducción de la vida a una rutina absurda (y lo absurdo contiene la violencia, ya sea directa sobre nosotros o su desviación) se expresa muy bien en el “metro, trabajo, dodo” para el adulto, mientras que en la escuela el niño comienza a ser preparado. Sobretodo actualmente que, a consecuencia del movimiento de abstracción cada vez más pujante, la fase de la infancia tiende a reducirse. Los niños a los que se intenta hacer adquirir muy temprano abstracciones difíciles se rebelan de diferentes maneras, a menudo insidiosas, derrotando sociólogos y psicólogos.

Se nos impone un tipo de vida, una alimentación que hemos de absorber a ciertas horas, un modo de vestirnos, etc. Se constriñe a todo el mundo a proceder del mismo modo sin siquiera poner en cuestión si todo esto corresponde a la realidad de nuestros seres biológicos.

En la medida en que el fenómeno de masificación-homogenización tiende a frenarse, la diversificación no lleva a que los individuos puedan espontáneamente afirmar su diversidad, sino que les lleva a microcomunidades.

El lenguaje verbal presenta una estructura constriñente, reforzada, en tanto que lenguaje particular, por su relación con el Estado. Nos atrapa e inhibe la creación. Para sobrepasar la violencia es necesario saber que es el hombre, la mujer, y comprender nuestras raíces, así como descifrar la sedimentación de conocimientos que se abstraen en una lengua dada, una cultura, en la cual estamos deglutidos.

22.-Para los etólogos la violencia estaría en relación directa con la agresividad humana y se manifestaría particularmente en la defensa del territorio. Sin embargo se olvida totalmente el estudio entre seguridad y espacio determinado sobre un territorio que permite una representación dada. No se trata de un simple fenómeno de propiedad privada, sino de una cuestión de representación como uno puede darse cuneta cuando estudia la cuestión desde los diferentes esquemas cosmogónicos adoptados por el ser humano y las dificultades que siempre ha habido para revocarlos (por ejemplo la lucha de la iglesia contra el esquema heliocéntrico).

En consecuencia el crecimiento demencial de la población no puede conducir más que a la domesticación y al despotismo generalizado, porqué sinó corre el riesgo de explosión. Este aumento tiende siempre a reducir el espacio disponible para cada ser, de ahí, para Honrad Lorente, la inevitabilidad de los encuentros generadores de violencia, en la medida en que los ritos de evitamiento y jerarquización desaparecen o se debilitan. Pero lo que es más determinante es la imposibilidad, cada vez más acusada, de representarse; los seres humanos no tienen ya ningún asidero. Esto que revela de un modosangrante en el seno de todas las poblaciones urbanizadas en las que se pierde toda la amplitud de perspectivas y donde las pulsiones son castradas.

La reducción de los hombres y de las mujeres en el espacio y en el tiempo, todavía les concede la posibilidad de representarse; su expulsión del espacio y del tiempo les reduce a partículas neutras, haciéndoles dependientes del campo de vida del capital, son domesticados.

Para eliminar las fricciones, lo mejor es todavía hacer a todas las personas idénticas, de ahí la homogenización actual (precedida por el fenómeno de democratización); por otra parte para poder dominar, organizar, es necesario reducir a todo Edmundo a la misma situación.

23.-Las otras soluciones para eliminar la violencia desembocan también en la domesticación: tolerancia y relativismo. Tolerar se convierte en aceptar, a menudo materializándose defendiendo (historicamente esto se debio a que los grupos humanos notenían fuerza para imponerse) la posición de los otros. El relativismo nace de la afirmación que no hay nada absoluto (ningun dogma), y se sobreentiende la idea de que en el fondo todo es posiblem y por la duda sobre la validez de lo que avanzado. En los dos casos se desenvoca en la aceptación; y sobretodo los adeptos a la tolerancia y del relativismo son igualmente partidarios de la libertad. Ahora bien es imposible limitar esto a un campo restringido, por lo que en el límite –amenudo alcanzado- la libertad es el derecho a ser débil.

Tolerancia y relativismo se fundan sobre el principio de la justificación que es un principio de la aceptación de lo inmediato; es el florecimiento del inmediatismo.

Para tolerar y hacerlo todo relativo (principio de indiferenciación), los hombres y las mujeres han llegado a inhibir sus pulsiones, a autolimitarse, a manifestarse con una intensidad débil, con retención, hasta tal punto que el hecho de afirmar con fuerza su modo de ser, lo que se piensa, etc. de un modo seguro y determinado, es considerado como intolerancia, incluso una violencia o un despotismo.

Esto es muy visible en la hora actual, en que gran número de personas, traumatizadas por los nazis, el stalinismo y otros terrorismos, consideran que hay que aceptarlo todo y de una manera neutra (Cifran)=. La pérdida de pasión, la pérdida de energía es considerada como un ideal a alcanzar. Hay cada vez más suicidas vivientes.

Tolerancia y relativismo nacen como reacción contra el despotismo; el movimiento antiautoritario surgió en oposición a autoritarismo rigorista ligado al despotismo del capital en su fase de dominación formal de la sociedad. El también ha recolectado solamente una parte de la realidad y desenboca en la domesticación. Pués la educación antiautoritaria desemboca en una dimisión de la afirmación de los progenitores que no proporcionan ya referncias, ni cuadros globales para desarrollarse a sus hijos.

Esto supone una pérdida del potencial energético y no es sorprendente que las generaciones criadas según los principios anti-autoritarios busquen en la droga una realidad más fácilmente accesible y que no se escabulle, por lo que todo esfuerzo es vano. Pués el corolario de la pérdida de enrgía es la huida ante el esfuerzo que es puesto en todos los casos como constreñidor y como afirmación de la violencia.

La sociedad permisiva es la sociedad de la domesticación.

Tolerancia y relativismo son parte integrante del proceso de recuperación del capital, de tal modo que hay una imposibilidad práctica de “estar en contra”, de ponerse “revolucionario”, de aquí el recurso a la violencia a la que se entregan ciertos revolucionarios actuales, y que permite en fin ser reconocido como oponente.

24.-Es conveniente identificar los fenómenos que se caracterizan como violentos sin participar obligatoriamente de una violencia, lo que no quiere decir que esté totalmente ausente y que no exista el riesgo de que opere. Pero querer disminuir la intensidad de estos fenómenos, para conjurar una violencia hipotética e incluso imposible, es castrar los seres, domesticarlos. Como más se quiere esto, más se traduce en pérdida de enrgía de los hombres y de las mujeres, en degeneración. Se olvida demasiado que vivir es arriesgarse a morir.

Así, en el amor, muchos rechazan la pasión (haciendo una separación tal me meto en el terreno de estas personas para explicarme), porque aquella es violenta. ¡Es verdad! Como es verdad también que puede ser violencia, no por el hecho de que el ser no amado pueda destruir a aquel que ama, sino porque cuando el proceso de amor no se completa enteramente, puede conducir a la locura.

La afirmación de uno mismo –en un mundo donde cada uno esta terriblemente negado por la realidad del capital, y donde la realidad tolerante tiene un puesto de honor- es frecuentemente vivida por los otros como una agresión.

Estos fenómenos señalan la degeneración de la especie ligada a la pérdida de territorio, de espacio, a su sometimiento a un tiempo mecánico, a la pérdida de la dimensión cósmica, de la pujanza biológica por pérdida de sus raíces, del hecho de la reducción de la comunidad a la familia nuclear, a veces menos. Se comprende entonces que haya personas (sobretodo después del fin del último siglo, en particular Gobineau, NT.-se refiere al siglo XIX/XX) asustados ante esta degeneración que buscan una solución en el elitismo, que llega a desposeer a una multitud de seres de sus posibilidades o negarlos e inhibirlos, elitismo que puede acabar en racismo.

25.- Hay comportamientos humanos que se consideran como neutros por así decir, y que de hecho revelan una forma atenuada de vionecia: la inhibición

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