Archivo diario: 21 febrero, 2011

Sin consumo, no hay capitalismo

Entrevista a María González en Píkara magazine

María González Reyes es la coordinadora del área de Consumo de Ecologistas en Acción y miembro del grupo contrapublicista ConsumeHastaMorir. En esta entrevista nos desgrana los absurdos mecanismos de un sistema capitalista que se colapsa si deja de crecer, y que usa la publicidad como lubricante para mantener “la ilusión del consumo infinito”.

¿Cómo ha afectado la crisis a las tendencias de la población sobre el consumo?

Esta crisis que va más allá de la económica, es una crisis social y ambiental cuya causa está totalmente ligada al sistema económico capitalista. El problema central se basa en la incompatibilidad esencial entre un sistema socioeconómico basado en la extracción de recursos y generación de residuos creciente y un planeta con límites. Este sistema se está expandiendo como un tumor por todo el planeta y, además, a una velocidad alarmante. Cabría preguntarse por qué avanzamos en sentido contrario al que la lógica trazaría, y seguimos consumiendo cada vez a un ritmo más rápido cuando el deterioro es innegable. Y la respuesta está ligada al sistema económico imperante, que se basa en maximizar el beneficio individual en el menor tiempo posible. Un sistema que requiere que el consumo de recursos y la producción de residuos no puedan parar de crecer.

El crecimiento no es una consecuencia posible de este sistema; es una condición indispensable para que funcione. Si la economía capitalista deja de crecer, se colapsa. Es por esto, porque el consumo es lo que permite que la maquinaria del sistema siga funcionando, por lo que el Gobierno dice que para solucionar la crisis hay que incidir, precisamente, en continuar haciendo obstinadamente lo mismo que la ha generado: consumir y consumir. Y los consumidores y consumidoras seguimos intentando mantener el ritual, sintiéndonos culpables de la crisis económica si dejamos de consumir, y poco solidarios si protestamos contra los recortes sociales que el Gobierno está haciendo. No deja de ser una triste paradoja.

¿Que impacto tiene el consumo en los países enriquecidos sobre los empobrecidos?

Precisamente porque los recursos del planeta son limitados, hay una pequeña parte de la población mundial que ha creado las reglas del juego para poder disponer de esos recursos escasos a su antojo. Hablar de lo que supone la velocidad del capitalismo implica nombrar a quienes expulsa y explota esta dinámica. Vivimos en un mundo en el que hay 100 manzanas para 100 personas y 20 (qué casualidad la mayoría hombres) se quedan con 86. El sistema no sólo produce acumulación sino que necesita esa acumulación. Hay un problema de sobrevelocidad, pero también de inequidad.

A nivel ambiental, hace tiempo también que el planeta comenzó a dar la voz de alarma. Si miramos y nos fiamos de lo que observamos, llegaremos a la conclusión de que la mayor parte de las cosas verdaderamente importantes van a peor: los ríos no sirven para beber, el aire está contaminado, disminuyen las zonas boscosas, las reservas pesqueras, la energía fósil, el tiempo que las personas tienen para dedicar a cuidar y relacionarse con los demás, la biodiversidad etc.

Y en cuanto a la incidencia del consumo en el aspecto cultural, la expansión del sistema económico genera la creación de identidades globalizadas basadas en el consumo. Esta homogeneización va en contra de la diversidad, y la vida es producto de la diversidad. Igual que ocurre en un monocultivo, en el que una sencilla enfermedad puede acabar en poco tiempo con toda una cosecha, sin diversidad cultural, humana, reducimos el abanico de nuestros aprendizajes, nuestra capacidad de adaptación a situaciones cambiantes, nuestra capacidad de reconstruir lo dañado. La homogeneidad que el sistema de consumo pretende no apunta hacia la complementariedad ni al ejercicio de la interdependencia, condiciones ambas para la creación y el mantenimiento de la vida.

¿Qué papel juega la publicidad en este modelo?

Es esencial, es la herramienta que lubrica y engrana el sistema, y hace que la ilusión del consumo infinito se mantenga. Es el que permite que el modelo y los valores consumistas se extiendan por todo el planeta: el despilfarro, la insolidaridad, la homogeneización, el individualismo, el hedonismo… Valores todos que hacen que, a pesar de que la publicidad nos prometa lo contrario, seamos la cultura que más signos de hastío e infelicidad ha demostrado.

¿Cómo muestra la publicidad a las mujeres hoy en día?

El papel que desempeña la mujer en la publicidad, sorprendentemente, no ha cambiado mucho desde sus comienzos. En cualquier caso, la publicidad no entiende de ideologías: la misma empresa se hace feminista convencida cuando se trata de vender un coche utilitario pequeño, y es capaz de defender los valores patriarcales más rancios cuando lo que hay que colocar en el mercado es un coche familiar. No entiende de ideologías pero es el canal de generación de la ideología del consumo como fuente de resolución de los problemas.

¿Qué campañas habéis desarrollado desde los movimientos de base para  frenar el impacto mediático del consumo?

Hay muchos colectivos sociales que, en este último tiempo, están creando campañas y trabajando en la creación de alternativas relacionadas con el tema del consumo. Yo destaco dos. Por un lado,el Día Sin Compras, que se celebra a finales de noviembre. Es una campaña internacional que busca no tanto no consumir un día, sino hacer una denuncia del modelo de sobreproducción y sobreconsumo en el que estamos inmersos. Por otro lado, los Premios Sombra de la publicidad, que se conceden a final de mayo, coincidiendo con los Premios Sol que se otorgan en Donostia a los mejores anuncios publicitarios. Se trata de elegir, siguiendo varias categorías, los anuncios que promueven los valores más consumistas, más insolidarios, más machistas, los que más mienten… Con la idea de desenmascarar el papel ideológico que cumple la publicidad, para poder trabajar en la vía de la transformación del modelo de producción, distribución y consumo.

¿Qué consejos darías para que consumamos de forma crítica y consciente?

Invitamos a reducir el nivel de consumo y a reflexionar acerca de los valores consumistas, a la vez que proponer y experimentar alternativas. Se trata de hacer una reflexión colectiva sobre nuestro modelo de consumo y promover el ejercicio de un consumo crítico y responsable como una acción política para cambiar las cosas, siguiendo la vía del decrecimiento. Para comenzar este camino se necesita un cambio de mirada, una revisión de nuestros valores: colocar la vida en el centro de la reflexión y de la experiencia, vincularse al territorio próximo, alentar la diversidad, tejer comunidad y poder comunitario, hacer acopio de saberes que acercan a la sostenibilidad, desenmascarar y denunciar el actual modelo de desarrollo y experimentar alternativas. Todo ello en tres niveles de resistencia: uno individual, la simplicidad voluntaria. Otro de creación de alternativas colectivas, que permiten inventar otras formas de vida para generalizarlas. Y un nivel político, el de los debates y decisiones colectivas fundamentales en la definición de la sociedad. Así nos encaminaremos a crear otros mundos más justos, sustentables y en paz con el planeta.

Entrevista publicada en Pikara magazine extraída desde http://www.letra.org

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Medios, redes y trampas

 

 
Escrito por Sandra Russo en Página12

Durante los ’90, hubo un lenguaje que acompañó a esa coreografía económica mundial, la que disciplinó a la política hasta convertirla en algo irritante y fastidioso, en eso que había que sacarse de encima. Se hablaba entonces de “lo inevitable”. Era “inevitable” ajustar la economía, y para eso había que tener “coraje”. Durante dos décadas las dirigencias y los medios de comunicación ya globalizados prepararon a los pueblos para poner el cuello allí donde caería la guadaña. Inevitablemente.

El “coraje”, la “valentía” y “la audacia” eran sustantivos que no necesitaban ser calificados, de modo que fuimos entrenados para asumir que todo aquello que el neoliberalismo nos tenía reservado era impopular: los líderes del sistema eran los que tenían el temple para hacer añicos las estructuras productivas y los lazos sociales, y eso era “inevitable” porque no había ninguna otra cosa que hacer. El Muro había caído, el socialismo real había fracasado y el Pensamiento Unico se alzaba como el único puerto adonde llevar nuestros destinos de náufragos.

Lo que ya estalló en América latina sigue estallando en otras latitudes, y es extraño, como resaltó Carlos Heller ayer en este diario, que en los profusos análisis que se han hecho sobre las crisis de los países árabes no hayan aparecido los correlatos entre este sorprendente 2011 norte africano y el 2000 latinoamericano, cuando comenzaron a caer los gobiernos neoliberales.

Posiblemente la falta de conexión entre una cosa y la otra se deba a que la crisis egipcia es leída casi sin excepción como una rebelión contra un régimen opresivo. Es un dato duro de la realidad que el de Mubarak era un régimen de esa especie, pero no es un dato más blando que ese régimen viniera aplicando a rajatabla las recetas económicas del FMI. Lo curioso es que la prensa hegemónica internacional se limite a recargar el sentido de la crisis egipcia en la demanda ciudadana de libertades políticas y civiles, y que recorte el capítulo en el que los egipcios gritan a viva voz que quieren también y en concordancia otra política económica. No bien asumió el actual gobierno militar, los egipcios volvieron a salir a la calle para pedir aumentos salariales. Como eso no encaja en el relato sobre el autarca derrocado, sino más bien echa luz sobre el tipo de autocracia que llevó adelante Mubarak, esos reclamos no son televisados: el foco pasa directamente a la plaza ya vacía por la fuerza, y se hace silencio sobre el estado de la economía egipcia, tan neoliberal como fue la de Menem, Bucaram, Collor de Melo, Fujimori o Carlos Andrés Pérez.

Las coberturas sobre Egipto replican ahora ese relato, que no es antojadizo ni inocente, sobre millones de ciudadanos de clase media que merced a las redes sociales lograron imponer su voluntad democrática a un régimen cuya naturaleza dictatorial fue no obstante negada, tapada, encubierta y eclipsada por sus socios mundiales. Pese a que las coberturas de los grandes medios no abundaron en esos detalles, pudo saberse, como informó el sitio canadiense The Global Research, levantado a su vez por el periódico digital Rebelión, que Estados Unidos no fue tomado por sorpresa, sino que más bien fue un actor importante en los movimientos políticos egipcios. En un artículo titulado “Los dictadores no ordenan, obedecen”, se indicaba que desde noviembre de 2010, el Departamento de Estado venía manteniendo reuniones con la oposición a Mubarak, y el Freedom House, incluso, capacitó a decenas de los blogueros que luego fogonearon la protesta. Ahora se menciona como un posible candidato a la presidencia al director de Google regional. Quizá tenga que ver.

La protesta no fue inventada, claro. Y los millones de egipcios que salieron a la calle y los centenares de muertos que dejó atrás el régimen dan sobradas muestras del caldo de cultivo extraordinario que había en ese país. La pregunta es quién capitalizará esa fuerza política sin líderes claros por el momento, y de qué manera intentará Washington que cambie el gobierno pero no la política neoliberal que llevaba adelante Mubarak.

Lo que aparece claro en Africa del Norte es la anticipación en el uso de las nuevas tecnologías, un globo de ensayo para instalar en ellas discursos y relatos que encaucen voluntades de un modo que ya no pueden conseguir los medios de comunicación tradicionales, toda vez que en todo el mundo los ciudadanos son cada vez más conscientes de que no es de ellos de donde proviene la información, sino que apenas son transmisores de intereses.

Los poderes constituidos, políticos allá, fácticos aquí, chocan contra esas nuevas tecnologías y se esfuerzan por hacer nido en ellas. Nada es lineal ni, ya, “inevitable”. Es obvio que desde la cúpula del poder globalizado se intentará generar en Egipto una democracia tutelada, que guarde las formas pero no cambie el fondo. Un cronista de noticias de C5N comentaba la semana pasada que “el nuevo gobierno egipcio deberá contar con el visto bueno norteamericano”, a lo que la conductora de la tarde le respondía con un simple “desde ya”.

Pero los medios tradicionales son actualmente impotentes para que la información que dan sea tomada como cierta, completa o seria. Lo hemos visto aquí en el caso del avión norteamericano: el abc de cualquier esbozo periodístico obliga al menos a contrastar fuentes. El impudor y la torpeza para dar sólo una fuente, la que se apega a sus intereses, día a día alejan a ciudadanos que buscan información en otra parte. Y la hay. Y cada vez hay más gente que sabe buscarla. Por eso la jugada de anticipación: copar las redes e inocularlas, al tiempo que la protesta era “respetada” porque no era “antinorteamericana”. Un mecanismo: usted quéjese del tirano de turno, pero sólo de ese tirano, no de las directivas extranjeras que cumplió.

En la Argentina, un caso extraño por el desembozado tenor político y faccioso de los medios hegemónicos, no fue posible la penetración preventiva de las redes, pero después del golpe en Honduras y de los intentos de golpe en Venezuela, Paraguay, Bolivia y Ecuador, hay un intento que se irá vislumbrando con los meses, y que intenta oponer a las respectivas batallas culturales el de la “cultura estratégica” que baja desde Estados Unidos. Esa operación se sirve de las nuevas tecnologías, que es donde hoy se libra la nueva pelea de sentido, allí donde la comunicación está horizontalizada y se testean las sociedades, donde surgen día a día nuevos comunicadores que dan otras versiones, reflexionan distinto, multiplican artículos de medios alternativos, se discute en foros y se forjan contrarrelatos para oponer al relato del statu quo.

Nunca como hoy en el mundo la pelea por el sentido fue tan ardorosa y tan crucial. Y nunca como hoy los ciudadanos han debido ser tan astutos y tan veloces como para sacar a tiempo sus mentes de las trampas cazabobos que les tienden tanto desde el “periodismo independiente” como ahora también desde la red. No está de más decirlo y repetirlo: esa pelea por el sentido se libra palabra por palabra.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/

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